miércoles, 21 de septiembre de 2011

EL "ERE" DE PACO

   Conozco hace muchos años a Paco y le he visto formar su familia,  manteniéndola bien con una retribución alta en su empresa,  en la que ocupa un cargo de cierto peso y responsabilidad.  Le han informado en ella que está dentro de un cercano ERE y próximamente va a verse en desempleo, con cincuenta y tantos años,  hipoteca,  hijos aún estudiando...
   Los psicólogos le ponen nombre a esta situación en la que te preguntas:
-¿Porqué a mí?.
   Sabe que sus posibilidades de encontrar otro empleo como el actual son mínimas,  como mínimas son las de encontrar cualquier trabajo.  Sus ahorros,  reducidos,  le darán para tirar unos meses junto a la prestación por desempleo,  tendrá que hablar con el banco para renegociar la hipoteca de su casa y el sueño de mandar a su hijo menor a Sevilla a hacer arquitectura se esfuma.
   A él no,  pero a mí sí,  se me ocurren cosas como cortar el puente de acceso a Cádiz,  como hicieron otros que se vieron en su situación,  quemar su torre de control,  como alguno hizo,  cortar el tráfico en la ciudad,  qué sé yo lo que le pasa por la imaginación a una persona en su situación.  Paco no trabaja en alguna de esas plantillas de numeroso personal que saben hacer ruido y para acallarlas siempre hay autoridades dispuestas a prometer vana esperanza.  Paco no puede exigir un puesto de trabajo,  ni siquiera habrá para él un programa de inútiles cursos de marketing o ganchillo,  con sueldo,  o subvención,  o vaya Vd. a saber qué.   Naturalmente,  pienso,  los sindicatos pasarán de él porque es solo un trabajador y su voz no llega a la categoría de molesto ruido. 
   Tiene una edad difícil,  porque es muy mayor para encontrar trabajo y muy joven para pensar en hacer números y enlazar con la jubilación que un gobierno socialista,  con el que simpatizaba,  le ha puesto lejos.
   Me dice que ya se ha hecho a la idea y pronto tendrá que comenzar los trámites para inscribirse en esas listas que unos y otros manipulan groseramente,   llenas de Pacos como él,  en la silenciosa soledad en que se ven quienes no engrosan ruidosas masas.  Para el silencio no existe solidaridad.

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