viernes, 2 de septiembre de 2011

LA BODA

   Es raro hallar un suplemento gráfico de prensa,  revista o folletín en el que no figure la próxima boda de la Duquesa de Alba.  Esta señora,  mire Vd. por donde,  me cae muy bien.
   Inmensamente rica como bien sabemos y valientemente libre de complejos,  doña Cayetana pasa de todo y de todos y pone fecha a la oficialización del fín de su propia soledad;  porque solo busca compañía y cariño,  como Vd. y como yo.  Los séquitos no acompañan ni lo hace el baboseo de quienes se le acercan interesadamente para salir en la foto;  ni siquiera el dinero hace buena compañía y ella lo sabe sobradamente.  Tiene mis mejores deseos de felicidad.
   El nuestro es un país de crítica ácida y fácil que se escandaliza por el deseo de estar acompañada de una anciana y no porque la familia real vaya a clínicas privadas para cuidar su salud.  El nuestro es un país que pasó muchos años pidiendo sin derechos a exigirlos cuando los disfruta;  ya no hacemos aquellas instancias suplicando al destinatario,  cuya vida guarde Dios muchos años,  hemos dejado atrás esos tiempos aún con tropezones cuando algún payaso sin gracia ha pretendido salvarnos de nuestro libre albedrío pistola en mano y criticamos abiertamente al señorito del latifundio mientras nos manifestamos,  pancarta en mano,  exigiendo la legalización del chalecito construido en terreno rústico,  a sabiendas de su ilegalidad,  donde llevamos a los niños los fines de semana de cubata y barbacoa.  Lo de la duquesa es carne de chiste entre gente piadosa y se tolera peor que la presencia del hermano cofrade en el puticlub de las afueras,  que la carne es débil.  
   Es tema de coña en la peña cultural y recreativa subvencionada,  entre manzanilla y aceitunas,  quizás para olvidar la putada de la jubilación atrasada o que el niño va a estar hasta los treinta años con contratos de formación pagados miserablemente y que a esa edad lo que le aguarda es el paro,  porque se ha adelantado la edad de ser mayor para trabajar.
   Alguien nos anestesia a diario caritativamente para que no suframos y nos llegan las noticias descafeinadas por la desinformación de tanta parcialidad profesional en los medios.  Solo notamos el efecto secundario de la mala leche que se nos está poniendo.

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