lunes, 26 de septiembre de 2011

PROHIBIDO PROHIBIR

   Se ha consumado la prohibición de corridas de toros en Cataluña y puedo augurar que vamos a estar durante un tiempo,  no mucho,  dándole vueltas a este tema.   Ya expresé en este blog mi opinión sobre la llamada fiesta nacional,  que así se llama mal que nos pese a algunos;  no me gusta por su contenido de maltrato animal,  que indudablemente lo tiene,  aún reconociendo que lo que hacen los toreros tiene,  además del requerido valor en dosis muy altas,  un componente plástico y estético innegable,  suficientemente consensuado como arte.   El arte del toreo,  nos guste o no.
   Pero se ha prohibido en Cataluña y eso escuece más que si fuera en otra región,  o comunidad,  como queramos llamarlo.  No nos sirve hablar de Canarias como precedente porque lo que se prohibió fué el maltrato a animales de compañía:  el hecho de que no haya corridas allí se debe a la ausencia de aficción.
   Así pues,  es Cataluña la primera en definirse y eso da juego a quienes buscan fuego en cualquier rescoldo.  Soplan y soplan,  avivando el anticatalanismo absurdo y asegurando que prohíben las corridas de toros porque les vienen de España;  como si cataluña estuviera en las afueras de Croacia.
   No me gustan las prohibiciones,  aunque el tiempo dará a unos u otros la razón.  Pero aún me gustan menos los fanatismos;  todos los fanatismos.
   Existe toda una campaña en marcha por su proximidad a las elecciones de Noviembre.  Hay quien cree ver la posibilidad de sacar réditos de la prohibición y tiene soplando esta incipiente hoguera a lo más rancio de la prensa nacional.  Algunos titulares son incendiarios.

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