domingo, 11 de septiembre de 2011

RATÓN Y EL ESPECTÁCULO

   No me ha gustado nunca la llamada fiesta nacional,  por su innegable componente de maltrato animal y también,  seguramente,  porque no la entiendo y a estas alturas de mi vida estoy más por desaprender cosas que por nuevas experiencias de este tipo.  Puedo entender que haya a quienes le guste y hasta la existencia de grupos que están por su prohibición y todo ello me parece muy respetable.
   Lo que me alarma es que se monte un espectáculo basado en el pobre animal,  me refiero a Ratón,  el toro tristemente famoso por haber causado tres muertes mientras participaba involuntariamente,  claro,  en la distracción del pueblo,   jaleado por una multitud ávida de riesgo y con imprudentes tasas de alcohol en muchos casos,  en un territorio que le es ajeno y por ello hostil,  con el único recurso de correr y dar derrotes con las defensas de que la naturaleza le dotó.
   El espectáculo es verle,  por el morbo que arrastra,  otra vez asustado y defendiéndose;  la espectativa es que cause otra muerte.  No puedo evitar pensar que muchos asistirán con esta intención. 
   Esto nada tiene que ver,  entiendo,  con la fiesta nacional y así lo reconozco,  pero tengo la seguridad de que en el coso,  como en la antigüedad en el circo,  hay espectadores, seguramente minoría,  que esperan ver alguna sangre más que la del toro.  Especialmente,  con diestros que llevan por delante una bien ganada fama de no arrugarse ante el astado y mantener el tipo ante su embestida. 
   No me cuento entre quienes prohibirían las corridas de toros,  me basta con no asistir a ellas y llamentar que las televisen,  pero exhibir de esta forma a Ratón,  me parece impúdico y miserable.  No sé que pensarán las familias de sus tres víctimas.

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