domingo, 16 de octubre de 2011

¡¡¡ BINGO !!!

   Hasta 1977,  año en que se legalizó en España el juego privado,  usted y yo solo teníamos la opción de hacer quinielas futbolísticas o comprar cupones.  Eso si íbamos de legales,  porque era bien sabido que si en una esquina estaba el invidente,  en las otras tres se situaban las señoras,  solían ser señoras,  de las ilegales,  con sus cuponcitos manuales,  que daban mejores premios.
   En cada región se conocía a los de la O.N.C.E. de distinta forma;  incluso conocí a un invidente gaditano que,  según su mujer,  vendía ciegos.
   Hasta que llegó el bueno de Miguel Durán,  también invidente pero con una vista increible,  nunca mejor dicho,  que modificó el sistema y consiguió hacerlo más atractivo,  dotando a los vendedores de cupones de una situación inimaginable:  a veces tenían todos sus números vendidos a mediodía.  Y es que a los españoles nos gusta el juego,  o bien necesitamos el dinero o,  vaya usted a saber,  ambas cosas.
   Pero en la fecha antes mencionada se abrió el grifo y vinieron otras alternativas y,  entre ellas,  el Bingo.
   Pasen y vean,  la señora y el caballero que vienen a jugarse sus pesetas,  porque aún no sabíamos que después nos jugaríamos los euros que no teníamos,  para echar un ratito.
-Se ha cantado línea,  -  decía la voz cantarina y  comprobaban el cartón afortunado.
-Han cantado Bingo, -  se oía al poco rato  para disgusto de todos,   mientras le colocaban al ganador una especie de trofeo alto y hortera sobre su mesa,  para abonarle más tarde el premio.
   En ese momento se producía una pequeña desbandada de los que ya se habían dejado el anticipo de navidades en la sala,  mientras entraban refuerzos ocupando los asientos que quedaban libres. 
   Se fumaba,  vaya si se fumaba;  yo creo que al bingo se iba a fumar.  Por eso entiendo a los responsables de las actuales salas cuando afirman que la ley antitabaco es la gran responsable de su declive.  No es que haya menos dinero,  no,  ni lo de la crisis esa que dicen,  tampoco,  es lo del tabaco,  además de la elevada fiscalidad,  que ronda el 60% de los beneficios,  excepción hecha de la Comunidad Madrileña,  que la rebaja diez puntos,  no sé si porque le hace ascos a las ganancias del juego o para que pueda jugarse más porque le  asquea perder ingresos si cierran salas.
   Otro problema para los bingos es la elevada edad de su público,  que está entre los 50 y 70 años y para eso sí que no encuentran solución,  salvo cuidar que no se le caiga por las escaleras al entrar. 
   Si los bingos van cerrando,  solo nos quedarán los cupones legales de siempre,  los ilegales también de siempre,  la primitiva,  la bonoloto, el euromillón, la quiniela futbolística,  la quiniela hípica,  las apuestas en internet,  las timbas de póker,  los casinos.....
   Hablamos del juego legal;  podemos meternos también en bolsa pero ya sabemos que aquí tendremos que codearnos con mala gente que,  además,  nos mirará por encima del hombro.

  
  
  

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