jueves, 27 de octubre de 2011

BUITRES BLANCOS, BUITRES NEGROS

   Aún suena el eco de los últimos disparos,  no tan lejano,  y todos estamos esperanzados en que cuando se ahogue el sonido llegue a perderse definitivamente de nuestra memoria;  más que el ruido nos queda ya la escena cutre y despreciable,  aunque sea para decirnos que paran,  de tres jornaleros de la muerte.
   Tres que vemos,  mas algunos que se esconden,  mas quienes les representan,  que han comido durante años de la extorsión,  como único medio de vida,  que han hecho profesión de su odio y herramienta a la pistola.
   Ahora,  con éstos preguntándose de qué van a vivir ahora,  porque su nivel de preparación no dá para mucho, aparecen los buitres.  Los buitres blancos,  que temen perder argumentos,  los buitres negros que pierden protagonismo.
   Quienes no quieren creer,  porque no les interesa,  en la posibilidad de tratar con la palabra las diferencias,  quienes quieren vivir de las heridas,  quienes buscan aprovecharse de que el pisuerga siempre pasa por Valladolid y ven llegado el momento de reclamar,  quienes desaparecidos los matones quieren cubrir el hueco con sus pretensiones, buitres de un color u otro que picotean una pieza aún viva sin el menor recato.
   Dice Rajoy que llega el momento de ser generosos y tiene razón,  la misma que tendrían quienes aún gobiernan si afirmaran lo mismo pero con la diferencia de que se armaría una gorda si lo dijeran ellos y las portadas de algunos medios chorrearían pólvora.  Le queda un camino duro al nuevo gobierno,  lleno de buitres blancos y negros acechando,  quizás para aplicarles su propia medicina.  A la hora de la carroña aparecen;  algunos los reconocerán pronto porque conocen bien el camino.
   Los de la capucha, sin ella,  tienen la cara que imaginamos y el alma que suponemos y ahora tendrán que buscar trabajo porque todos no pueden vivir del mismo cuento que quienes les han estado calentando la silla;  también ellos serán buitres sobre la misma presa.
   Más temprano que tarde habrá que llevar a los descapuchados presos a su tierra,  el mal olor se concentrará allí donde más daño han hecho,  pero también donde muchos  les votan y jalean,  no lo olvidemos.
   La normalidad se atisba sin haber tenido que claudicar ante los matones y solo cabe esperar que los buitres,  blancos o negros,  dejen a los futuros gobiernos,  negros o blancos,  qué más dá,  ir haciendo camino al andar hacia ella.
  
  
 

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