domingo, 9 de octubre de 2011

EL CINE

   Confieso que llevo mucho tiempo sin ir al cine, es decir,  sin asistir a la proyección de una película en una sala destinada a ello.  Lo aclaro así porque sí que veo mucho cine,  que es otra cosa.
   Con independencia de los Oscar,  hay multitud de premios internacionales y aquí tenemos los Goya y otros de menor relevancia,  sin olvidar los que otorgan las distintas consejerías de cultura de cada comunidad,  como ejemplo de localismo cateto,  normalmente al cine propio.  Visto así,  ¿porqué están vacíos los cines?. ¿ Es solo cuestión de precios?,  ¿ quien mantiene al cine?.
   Las salas de proyección actuales,  me cuentan,  son infinitamente mejores que las tradicionales de hace algunos años,  el sonido es impresionante y sin embargo...
   Recuerdo los cines de verano,  que me encantaban más allá de las cintas que proyectaran o aquellas salas enormes,  con sillones numerados y acomodadores de linterna y uniforme,  de cine más serio,  con sus sesiones infantiles donde los chiquillos contemplábamos extasiados las aventuras de Kit Carson,  para pasar por la tarde ya a películas de mayores;  aún no había llegado  lo del arte y ensayo,  en las que nos tragábamos muchas veces infumables bodrios que nadie acababa de entender.
   El precio,  especialmente en los de verano,  al aire libre,  era muy asequible para todos y los jovenzuelos de la época,  en caso de películas insufribles,  nos podíamos permitir aquello de  ¡¡¡ portero,  me echa o me voy...!!!,  con  lo que toda la pandilla desfilaba en dirección a la calle,  tras la mirada malhumorada del acomodador,  donde nos esperaba el policía pluriempleado de la puerta para bronquearnos.
   El cine era el lugar elegido para los primeros arrumacos con la novia,  más o menos pasionales según la fila que se podía escoger;  la última era especialmente solicitada y a algunos les pillaban los descansos en comprometidas posiciones.
   Era otro concepto,  de menor calidad y posiblemente mayor contenido social.  La televisión vino a rematar el tema.
   Por eso me sorprende la cantidad de premios que se dan en la actualidad;  yo propondría otro,  más realista,  para entregar al espectador.  El día que vuelva a meterme en un cine.

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