jueves, 13 de octubre de 2011

EL FIGURÓN

   No me refiero al subgénero de comedia del siglo de oro español,  sino al individuo que en éste,  más de estar por casa,  cubre los huecos de los invitados que no acuden a cualquiera de los numerosos actos convocados  "a tal fín",  que es la frase con la que definimos tanto evento sin sentido sufragado con dinero ajeno.  Este individuo ha llegado a hacerse imprescindible y hasta se le echa de menos cuando,  por coincidencia de horarios,  acude a otro,  con mejor bufet.
   Ya sea el acto del ateneo,  sobre " La necesidad de interferir en la influencia del extremo no natural ",   en que un entrenador cesado por decimonosecuentas veces en la última temporada,  versará sobre cómo romperle la tibia al lateral que sube la banda para centrar a la olla,  que es donde todo el mundo sabe que quiere centrar  porque los laterales llevan toda la vida haciéndolo,  hasta el de la peña cultural y recreativa,  como todas,  en que además de la degustación de vinos diaria,   leerá sus poemas un finlandés de nombre Miilikky,  que no habla ni papa de español.
   Naturalmente,  cada acto tiene sus figurones,  como tiene su concejal,  que aguanta hasta las fotos de la prensa para marcharse,  a otro,  si es posible.  El figurón lo hace hasta el final,  para irse ya cenado.
   Su presencia se hace tan imprescindible que ayuntamientos,  diputaciones, consejerías y entidades de distinto pelaje se lo disputan;  no se concibe la presentación de un libro ni la exposición de acuarelas sin él.  Hay quien afirma que asesora a un consejero y todos se disputan un puesto junto a él para la fotografía de reportero.  Al Miilikky no le atiende ni el de la barra,  pero a nuestro figurón hay que cuidarle.
   Ahora,  en tiempos de zozobra  por las próximas elecciones,  cuando algunos temen perder privilegios y que no se les invite,  con lo que no podrán dejar de asistir y querrán ir,  nuestro amigo comienza a dejarse ver más en actos de   " los otros "  y solo llenará los huecos de quienes  iban a éstos últimos y quieren dejar de ir;  este terreno lo domina como nadie y comienza a saludar más friamente a los que aún mandan.   Nadie nada como él en estas aguas y en la mesa no habla,  sino expone,  sobre la caza del jaguar o pesca del atún en amarillo;  es todo un espectáculo.  Me cuentan,  no sé si exageran,  que se han llegado a posponer bodas de postín por su saturada agenda.

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