sábado, 15 de octubre de 2011

EL RESCATE

   Imagine que está en la playa y en un momento dado se introduce en el agua para combatir el calor y nadar.  Lo ha hecho muchas veces,  ésta solo es una más pero sucede algo:
   Una fuerte corriente le impide regresar a la orilla cuando puesto en pié le llega el agua cerca del cuello,  por lo que hace esfuerzos primero caminando y después a nado para volver;  pasados unos instantes que se le hacen eternos,  comprende que la corriente puede más y sus intentos solo consiguen cansarle.  Comienza a ponerse nervioso mientras agita los brazos,  cuando comprueba que una embarcación dedicada a la vigilancia de playas se dirige a usted a toda marcha;  se tranquiliza al observar como los tripulantes de la misma aseguran venir en su ayuda,  mientras preparan un cabo,  dispuesto ya para lanzarlo en su dirección.
   Con él ya en el agua,  le dan instrucciones sobre como acercarse,  tomarlo y ceñirlo a su cintura,  para posteriormente intentar subirlo a la embarcación.  Usted solo piensa en salir de la comprometida situación y las sigue,  colaborando a su rescate.  Una vez a bordo,  abraza a sus rescatadores y respira confiado,  mirando a la orilla que antes le parecía tan lejos,  tan inalcanzable.  ¡ Salvado !.
   Pero el viento,  antes en calma,  cobra intensidad en pocos instantes, levantando un oleaje sorprendente.  La embarcación es pequeña y tres personas parecen pesar demasiado para ella,  por lo que se escora peligrosamente en cada balance;  afortunadamente puede observar como el barco de salvamento del ayuntamiento,  viene en su dirección y de nuevo respira confiado.  Éste sí es un buen barco,  grande,  estable,  público y con gran cabida.
   Ya cerca de ellos,  puede comprobar el nombre del navío:  " Señora de los desamparados"  y comprueba como el capitán habla con los socorristas en un lenguaje que le resulta extraño,  a pesar de ser de su misma nacionalidad:  discuten sobre algo así como un " fondo de rescate"  del que ignora su utilidad,  mientras el socorrista que dirige el bote que le sacó del agua,  niega insistentemente disponer de algo así como " remanente de liquidez " para no sé qué maniobra.  Hablan en voz alta,  comienzan a chillar entre ellos y nadie repara en usted,  que comienza a tener frío y marearse,  mientras en la playa, la multitud sigue ajena a todo tomando el sol o paseando;  solo unos pocos parecen haberse dado cuenta de la situación y les miran sorprendidos,  aunque sin hacer nada.
   El mar se ha ido embraveciendo y las olas agitan con fuerza la pequeña embarcación,  empujándola contra el barco oficial,  en una peligrosa sucesión de golpes que la ponen en riesgo de zozobra.  Ellos siguen hablando,  o discutiendo,  sobre algo que usted continúa sin entender,  pero parece que el acuerdo va llegando.  El tripulante de la lancha que le tiró el cabo salvador,  se le dirige de forma desconsiderada y le reclama su devolución,  mientras usted intenta explicarle que la amarra se utilizó para sacarle a flote y posteriormente unos y otro se desentendieron de ella.
-Tendrá usted que pagarla,  -  dice mientras le apunta acusadoramente con el dedo y mira al capitán del barco oficial.
   El oleaje del ya muy agitado mar ha abierto una brecha importante en un costado del bote,  de tanto golpear con el barco de mayor tamaño y los dos marineros que lo llevaban han saltado al mismo,  con la ayuda de sus tripulantes.  Aún parecen quedar flecos de la discusión anterior y tratan sobre algo llamado    recapitalización,  con objeto de,  dicen,  ayudar al salvamento de quienes pasan apuros en aquél mar.  Usted no entiende este lenguaje,  aún comprendiendo que deben tener razón en lo tratado,  al ser todos ellos expertos en rescates.
   El barco va alejándose al fín,  llevando a remolque al pequeño bote,  dirección a tierra.  Usted fué desalojado,  al confirmarles que no llevaba dinero para pagar la amarra.
   Sus gritos de socorro no se oyen en la playa y apenas se mantiene a flote,  sujeto a un precario madero que las fuertes mareas de estos tiempos han debido arrastrar hacia la zona.  Quizás debería gritar más.

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