jueves, 6 de octubre de 2011

EL ROSARIO ELECTRÓNICO

   En mi casa se rezaba el rosario todos los días,  por la tarde,  cuando acudían mis tías y mi abuela para acompañar a mi madre en este rito,  que se hizo costumbre durante muchos años.  Teníamos a veces sobre un mueble aparador del salón una caja de madera,  que contenía a la vírgen,  ignoro cual,   tras vidrio protector y con hendidura o hucha para depositar monedas;   una señora iba llevando la imagen por las casas,  en las que estaba uno o dos días,  en una especie de turno rotatorio que entonces me parecía del todo normal,  como el diario rezo del rosario.  Con vírgen o sin ella.  Naturalmente,  o al menos a mí así me lo parecía,  el rosario debía ser cosa de mujeres,  porque los hombres de la familia no participaban. 
   He dicho rezar y debí decir oir,  porque se escuchaba por la radio,  aquellas de entonces,  en las que también se podían oir,  por lo visto,  emisoras de lejanos países a juzgar por los nombres que aparecían en el cristal protector del dial,  siempre en AM o modulación de amplitud y aún lejos de la FM,  de mayor calidad y símbolo de increible progreso.
   Alguien,  por la radio,  decía la primera parte de cada oración o letanía y los oyentes contestaban la segunda. 
   Cuento esto porque hoy me ha sorprendido ver el anuncio de un rosario electrónico con la voz grabada nada menos que del Papa Wojtyla.  "Fácil de usar y resistente a golpes",  dice la publicidad,  como si se rezara haciendo footing.   Sesenta euros vale el artilugio,  sesenta;  marca los días de la semana y asegura disponer de la voz original de quien fué Juan Pablo II.
   Imagino la cara de mi familia,  entónces,  si les llevara un aparato como éste,  aunque ya lo de "oir" el rosario era algo moderno en la época.
   Ignoro como se viene haciendo ahora pero no le auguro al invento demasiado éxito.  No sé porqué.
 

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