sábado, 29 de octubre de 2011

INCENDIARIA EPA

   Más que ofrecer,  los datos de la reciente EPA escupen una realidad difícilmente imaginable hace un año,  cuando ya veíamos de cerca los dientes al lobo.  Sin querer marear con cifras,  basta conocer que hay cerca de cinco millones de personas,  cinco,  paradas;  el 21, 52% de la población activa sin empleo,  que en Andalucía se convierte en el 30.93%.  En un millón y medio de hogares,  todos sus miembros están desempleados.
   Esta es nuestra realidad hoy en cifras,  lo que el espejo nos ofrece al mirarnos,  mientras la patronal de los empresarios quiere disminuir las indemnizaciones de los futuros despidos y para evitar los contratos basura  estima necesario implementar nuevos y naturalmente temporales contratos miseria,  los sindicatos conforman la única actividad que no sufre pérdida de empleo,  el banco de España continúa siendo gobernado y administrado por brillantes funcionarios a los que Europa pone las orejas de burro que nos ponían en el colegio,  los bancos se quedan con las casas de sus clientes y los clientes con la boca abierta mirando al gobierno.  El gobierno,  sería mezquino achacarle toda la responsabilidad,  mira a los clientes,  anima a los banqueros,  observa a los del Banco de España en el rincón,  castigados,  y pide a sindicatos y empresarios que no fastidien más la cosa,  que ya está que arde.  Y miedo me dá hablar de arder con tantos hogares sin empleo,  con tantos desempleados sin hogar y con tanto hijo de puta llevándoselo calentito con la mayor desvengüenza después de arrasar algunas entidades.
   Los ayuntamientos no pagan a los proveedores,  muchos de ellos pequeños autónomos en riesgo de cierre,  pero mantienen la subvención a las numerosas peñas  " culturales y recreativas ",  quizás con el objeto de que la gente ahogue en la barra su cabreo.  El bar cercano tendrá que despedir algún empleado porque  cada vez entra menos personal.
   El nuestro era,  por lo visto,  un país de albañiles y camareros;  los primeros mantuvieron un fenómeno extraordinario en él llenándolo de pisos vacíos y llegamos a tener más camareros que turistas.  Unos y otros se preguntan ahora donde comenzar el fuego,  porque cuando a una familia no le llega para el pan,  se le llenan las manos de cerillas.  Los turistas seguirán viniendo,  unos para comer paella y otros,  los nuevos,  para ver el resplandor. 
    
  
  

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