miércoles, 19 de octubre de 2011

LA PANCARTA

   Confieso que me hizo sonreir aquella pancarta,  entre muchas,  que llevaba un jovenzuelo con rastas y barba que me miró inexpresivo:  " pienso,  luego estorbo, "  decía.  No le ví ningún rastro de marginal antisistema de extrema izquierda,  que dice Jose María Aznar de ellos ni de piojoso,  como aseguraba un concejal pueblerino que no merece ser recordado.  Es distinto,  pensé,  o quizás solamente joven o,  qué sé yo,  pero ni amenazaba a nadie ni le metía por los ojos ninguna bandera. 
   En estos momentos se juzga a algunos de la trama de Marbella,  excepción hecha del concejal o algo así que se quitó del medio asegurando ir al camino de Santiago,  no dijo cual.  Entre ellos la ex alcaldesa,  cuyos testimonios producen vergüenza a todos menos a ella y el ya tristemente famoso Roca,  que colgaba valiosas obras de arte en el baño,  posiblemente para ver allí algo de valor y otros de la farándula grotesca y zafia que desvalijó todo un municipio.  Simultáneamente se discute en Alemania,  haciendonos creer que se hace en Bruselas,  si recapitalizar la banca o reempobrecer a los ciudadanos y me da que la última opción,  ya puesta en marcha,  tiene las de ganar,   porque ya lleva inercia.
   " Pienso,  luego estorbo, "   reza la pancarta,  pequeña,  modesta;  lo malo es que no puede votarse a quienes así se manifiestan  y también,  quizás,  lo bueno,  para ellos porque podrán seguir protestando y para nosotros,  que siempre tendremos quien lo haga por todos,  mientras les observamos,  curiosos,  desde el balcón.
   Cuanto más escucho a Cayo Lara,  más me gusta Llamazares y me tranquiliza saber que no deja, como se decía,  la política o ésta no le deja a él y se presentará por su Asturias adoptiva,  pero sí le veremos menos.  A él sí le pega llevar una pancarta como ésta,  mientras a Cayo Lara lo veo más de piquete informativo,  con la pegatina de comisiones,  obreras,  no de las otras.
   El movimiento 15M se ha extendido tanto que ya se han puesto en marcha las acciones acostumbradas en estos casos:  por una parte,  se infiltran individuos que siembren el caos e inciten a efectuar acciones violentas;  por otra,  se busca la forma de  "dirigir"  esta energía hacia donde interese,  también infiltrando personal avezado.  Tienen demasiada razón como para ir solos por el mundo.
   Mientras,  el joven de las rastas me observa y yo estoy por pedirle la pancarta para donarla,  pero me ha horrorizado pensar la multitud de sitios donde tendría cabida y justificación el mensaje.  Qué ajeno está a lo certero de su alegato.

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