domingo, 27 de noviembre de 2011

50 MAGNÍFICOS

   ABC presenta en el  suplemento Empresa el resultado de una encuesta realizada a los responsables de las primeras  cincuenta empresas españolas por volúmen de facturación.  Les plantea dos cuestiones concretas:  la primera,  cómo afronta su entidad la coyuntura actual y  la que nos interesa,  qué medidas habría que poner en marcha para reactivar la economía.
   Prácticamente todos coinciden en señalar la necesidad de una urgente reforma laboral,  incidiendo el presidente del Banco de Sabadell en que es clave modificar el estatuto de los trabajadores.  Hay otras conclusiones que coinciden asímismo en la necesidad de reactivar el crédito,  facilitar la actividad empresarial, etc.  Un rosario de necesidades a las que nadie propone método.
   Que se hace imprescindible reactivar el crédito es de Perogrullo,   pero nadie dice cómo llegar a ello,  ni cómo soluccionar ninguna de las cuestiones planteadas.  Hay que comer más,  podrían decir donde se sufren hambrunas,  pero no señalan cómo conseguirlo.  Más que cincuenta magníficos son cincuenta teóricos o excepcionales especialistas en el noble arte de tirar la piedra y esconder la mano.
   A la vista de la única coincidencia en las propuestas,  se deduce que el trabajador español es el verdadero culpable,  hágase la luz,  de cuanto sucede;  hay que modificar y cuando se dice modificar se oculta disminuir,  tanto derecho adquirido,  tanta política social,  tanta bagatela  proteccionista.
   Alguno menciona,  solo de pasada y como si fuera algo de escasa incidencia,  el mamarracho federal que vivimos,  donde se duplican y triplican las administraciones.  Nada de sus correspondientes y costosas inmersiones lingüísticas,  la multitud de coches oficiales trasladando mentecatos que no habían usado
corbata en su vida, el desmadre de cuchipandas de peñas culturales y recreativas,  la vidorra de sindicalistas y sindicatos que no representan a nadie,  recibiendo y administrando ingentes medios para inútiles cursos de formación sin sentido,  el mangoneo de directivos de cajas quebradas por su inoperancia y algo más,  el gasto brutal en construir aeropuertos sin aviones o líneas de AVE deficitarias porque no se necesitaban.  El chocolate del loro,  vaya.   Sí señala algún encuestado lo insostenible del sistema de pensiones actual,  mire usted por donde.
   Pero del orígen de la crisis no hablan los presidentes de los bancos,  como si no fuera con ellos,  que eso esa agua pasada y la que corre ahora solo debe mojar a los trabajadores,  que son los que se han resfriado toda la vida.
   El resultado de la encuesta es más elocuente por lo que oculta que por lo que  dice;  podrían haberse ahorrado la imágen de un tejido empresarial falto de ideas y acojonado ante la evidencia de que ser empresario significa también apostar.  Pero la empresa española,  como la banca,  lo hace siempre a seguro.  Tenemos los empresarios que tenemos y así nos luce el pelo.

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