jueves, 24 de noviembre de 2011

AL SUR DEL SUR

   Nuestro particular sur radica en el continente africano y las plazas de Ceuta y Melilla,  enclavadas allí desde antes que Marruecos existiera,  como dos baluartes que nos resulta carísimo mantener,  situados en un enclave geoestratégicamente venido a menos.  Y alrededor,  los mil ojos de  Mohamed escudriñandolo todo y expectante ante el nuevo gobierno en España,  que no le resulta cómodo,  por anteriores y cercanas experiencias.
   La tradicional visita de estado del nuevo presidente español,  tan ficticia como la amistad fraternal de siempre,  es tenida como señal de reconocimiento a una relacción aparentemente fluida y ocasionalmente frágil,  aunque basada en conocidos intereses y ya sabemos que no hay mejor vínculo entre dos partes que éstos.  La amistad,  la colaboración,  el reconocimiento y todo lo demás no son sino fachada y ambos estados cuidan el tabique separador que nos une sin vernos y sirve poco más que para poner la oreja y oir con desconfianza las conversaciones del otro lado.
   Allí,  que es aquí al lado,  esperan gestos pacientemente,  situados ante el panel multibotón con que se activan disturbios fronterizos,  se retira la vigilancia en los lugares de salida de pateras o se manejan presuntos frentes de liberación.
   Marruecos es un incómodo vecino que frena el islamismo radical a cambio de que miremos hacia otro lado en otras cuestiones.  Allí se esperan gestos y se confía en que Rajoy no sea Aznar.  Pero esto último nos pasa a muchos.
 

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