jueves, 17 de noviembre de 2011

CUANTO PEOR, MEJOR...

   El título no es sino un axioma en la actividad comercial,   trasladable a cualquier función competitiva: si un grupo de empresas o comerciales representan con la suma de su facturado el 100% del conjunto,  sean Euros o cualquier otra moneda,  tendrán cada uno y por separado un índice de participación  que les hace acreedores al reconocimiento de sus resultados,  llámese fiabilidad,  prestigio,  estatus,  crédito...
   En este entorno,  la forma más simple de crecer viene dada más por el decrecimiento de terceros que por el esfuerzo o crecimiento propios.  Conforme alguien del grupo cae en su participación,  la pérdida experimentada viene a recaer en quien aguanta,  aún sin crecimiento,  que en definitiva vé evolucionar sus resultados.  Dicho esto,  por hablar aún más claro,  siempre es bueno para el conjunto o para los más fuertes del grupo,  que haya quienes bajen su participación.  Lo podríamos llamar una crisis deseable.  Cuanto peor mejor.
   Naturalmente,  deseable para quienes a fuerza de sumar lo que otros pierden,  se hacen fuertes y cimentan esa fortaleza en la debilidad de otros,  a quienes hay que mantener dentro del grupo porque en su ausencia se produciría un nuevo reparto de participaciones que pondría a cada uno en su sitio.
   Eso sí,  se le dice al caído cómo debe comportarse en adelante,  dirigiendo siempre los recortes a los beneficios sociales de sus empleados con vistas a posteriores generalizaciones a los de todo el grupo,  con o sin crecimiento.  Se trata,  en definitiva,  de que el principal concepto de gastos del grupo,  que no es otro que el social,  léase pensiones,  jubilaciones,  coberturas de desempleo,  seguridad laboral,  etc.,  se comience a recortar donde el crecimiento ha mermado para ir homegeneizando la situación de todo el colectivo laboral a la baja.
   Puede pasar incluso que alguien sufra los efectos de todo esto,  que podríamos llamar también mercado interno,  simplemente porque otros miembros crezcan más:  aún sin decrecer,  su participación cae y entra en zona de recuperación,  donde quienes le arrebatan posiciones le impondrán la tarea.
   En este entramado funciona un organismo más controlador que regulador,  con la función de evitar excesivos desequilibrios,  pero normalmente lo manejan quienes obtienen beneficios de las pérdidas de los otros.  Aquí es donde entran los representantes de cada miembro del grupo que pueden actuar según la autoridad que su trayectoria le conceda.  Algunos se hacen oir mientras otros tienen los culos más conocidos de la organización de tanto bajarse los pantalones.
   Cuanto peor mejor para algunos miembros,  que dilatarán cuanto puedan las solucciones en su propio beneficio.
   Me cuento entre los que se extrañan de que aún no se haya producido el primer incendio pero sí percibo ya el olor a chamusquina que,  junto al del descrédito,  comienza a inundar el sur de Europa.
  
  
 

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