miércoles, 9 de noviembre de 2011

HUELE A PÓLVORA

   Yo apenas me he peleado con nadie en mi vida y no será por falta de ganas de algunos,  más grandes que yo,  o mías,  con más pequeñajos,  el caso es que no cuajaba el tema y diciéndonos cuatro cosas dejábamos nuestro honor a salvo.  Solo de pequeño recuerdo venir a casa con algún moratón aunque en la seguridad de haber dejado iguales secuelas en la cara de alguien.  La posguerra ha sido aquí tan larga como aleccionadora.
   Digo todo esto al recordar aquél trío calaverasque se conoció como el de las azores,  formado por tres eminentes cerebros de la época:  Blair,  cuyo único mérito era hablar bien inglés pero cortito en  lo demás,  Bush,  que ni siquiera sabe hacerlo y solo balbucea americano aguardentoso y nuestro Ansar,  al que tanto tiempo estudiando el idioma deja evidentes progresos,  aunque con acento mitad catalán,  que practica en la intimidad como bien sabemos,  y mitad de Cazalla de la Sierra,  localidad sevillana trasladada a la provincia de Cádiz recientemente,  por imperativos del directo.
   Tres cerebros,  tres,  que afirmaron al mundo la existencia de armas químicas en Irak y provocaron un guerra con miles de muertos en su haber,  mientras en el debe continúan sin aparecer las inexistentes armas que justificaron aquella mamarrachada.
   Blair y Bush,  que se escriben con b de burros,  son solo vestigios de un pasado peor aunque reciente,  mientras nuestro Ansar,  asesora a lo mejor de lo peor en la especulación mundial.  Siempre desconfié de los bajitos,  porque pegan en salva sea la parte,  que debe doler un huevo.
   Ahora huele a pólvora en Irán,  donde un medio clérigo más alto que Ansar y poco más feo,  hace petardos en sus ratos libres,  según él. 
   Los judíos hablan de hacer un ataque preventivo inmediato,  que es un ataque sin más argumento que impedir que los bajitos golpeen donde más duele,  en salva sea la parte aquella,  con armamento nuclear formato petardo o supositorio.  Siempre habrá tiempo de decir que vaya usted a saber,  si no aparece el temido arma.  Es cuestión de reconstruir e instalar nuevas gasolineras.
   Obama no es Bush,  afortunadamente para el mundo,  para él y para la señora Obama,  así que solo tendrá que mirar a otro lado;  los demás somos los mismos pero tenemos aún abierto el cupo de capacidad de previsibles sorpresas.  Huele a pólvora y solo nos tranquiliza el saber reconocer a los buitres cuando sobrevuelan la carroña,  porque ya los hemos visto anteriormente.  Pueden ser otros,  pero vuelan igual. 

                                                                                                                                                                      

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