viernes, 11 de noviembre de 2011

INFORMACIÓN E INTELIGENCIA

   He tenido ocasión de ver una exposición titulada  "Papeles contra el poder",  en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz.  Se trata básicamente de comunicados de la policía o guardia civil sobre actividades tan peligrosas como la distribución de octavillas o carteles dejados en cabinas telefónicas,  en aquellos años 50, 60 y 70,  fundamentalmente.
   Es una muestra pequeña,  extraída de los archivos de órden público del gobierno civil de la provincia,  que retratan la escasa actividad de  "subversión" a la que tuvieron que enfrentarse y basada en oficios o pequeñas comunicaciones.
   Los llamados servicios de investigación social o servicios de información,  comunicaban al gobernador el hallazgo de alguna pegatina y,  ocasionalmente,  la detención de algún grupo con multicopiadoras para la edición de propaganda.  Alguien,  muy sensatamente,  decidió no aplicar a estos grupos el apelativo de inteligencia  porque,  a juzgar por sus escritos,  les habría quedado excesivamente grande.
   Baste como ejemplo un oficio del servicio de información de la guardia civil de Cádiz de Mayo de 1973,  informando al gobernador civil de la provincia del hallazgo en una zona de Jerez de la Frontera de hojas informativas editadas por el Frente de Estudiantes Nacional Sindicalistas y Frente de Trabajadores Nacional Sindicalistas,  aludiendo a la vinculación entre el gobierno y el Opus Dei.  Patético.
   Todo les olía mal,  todo les sonaba raro y veían el peligro en cualquier esquina,  no solo en los entusiastas distribuidores del Mundo Obrero
    Tuve personalmente ocasión de comprobar la formación de estos servicios policiales,  cuando en aquellos años y junto a un amigo,  me ví encañonado en un bar por un individuo en lamentable estado de embriaguez que me enseñó un carné profesional del servicio de información de la guardia civil.  Estaba borracho y esgrimía su pistola ante nosotros y un acongojado camarero a quien el mostrador se le quedaba pequeño.  Tuvimos que beber con él y repetir varios vivas a cuanto se le ocurría,  hasta que con la excusa de ir a los servicios pude llamar a la policía y comunicar cuanto pasaba.
   El cabo de un buen rato que se nos hizo eterno,  un vehículo camuflado de la guardia civil,  yo había llamado a la policía y no a este cuerpo,  llegó y de él se bajaron dos personas vestidas de paisano.
   Eran compañeros suyos,  avisados desde la comisaría,  que le calmaron y consiguieron llevárselo,  sin darnos ningún tipo de explicación.  Pasados los años,  aquél mismo individuo protagonizó un suceso similar y acabó volándose la cabeza.
   Información es posible,  inteligencia bien poca.  Por eso cuando he repasado estas notas en el archivo provincial,  conociendo la época y a protagonistas como éstos,  no he sentido demasiada extrañeza.  Todo lo que ha venido después ha sido mejor;  el órden y el miedo no han sido nunca buenos compañeros de viaje. 
  
  
  

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