viernes, 25 de noviembre de 2011

LA SANA

   Recientemente hemos visto como un grupo internacional de astronautas  permanecía recluido en una especie de nave simulada durante mucho tiempo,  para medir la capacidad de resistencia del ser humano en similares circunstancias y previendo un viaje a Marte,  cuya duración sería similar a la del ensayo.
   Lo de ir a la luna se ha quedado ya antiguo,  como cuando antes íbamos todos a Benidorm o,  centrándonos en nuestra provincia de Cádiz,  a Chipiona,  donde todo el mundo se saludaba en el paseo de la tarde,  porque se conocía de ser vecinos en Sevilla.
   Aquí tuvimos nuestra propia agencia,  aunque solo fuera en el cine de aquellos tiempos,  y llamábamos SANA a la NASA de los estados unidos.
   Incluso imaginábamos un viaje,  sin traje espacial ni nada,  en los autobuses Los Amarillos,  de línea entre San Fernando y Chiclana,   para dirigirnos en la última población a las bodegas El Sanatorio,  donde sirven el mejor moscatel del mundo,  merecidamente llamado Gloria,  y el no menos bueno fino Granero,  acompañados de una espléndida ración de butifarra chiclanera y aceitunas violás,  llamadas así porque un pepinillo las atraviesa.
   La mezcla de ambos vinos,  Gloria y Granero al cincuenta por ciento,  daba lugar a una bebida de entrada amable y moña descomunal,  con la que solían salir del local los marineros de reemplazo del cuartel de instrucción de San Fernando,  cuando había cuartel y marineros de reemplazo.  Al menos quedan los vinos y la bodega.  Lo de la SANA fué seguramente un voluntarioso invento a la española con la intención de figurar en la carrera espacial.  Muchos de la época hicimos aquél viaje y podemos dar fé de los riesgos que conllevaba.  Pero nosotros sí que estuvimos allí,  muchas veces,  mientras lo de la luna dicen que fué un montaje.  Vaya usted a saber.

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