miércoles, 2 de noviembre de 2011

REFLEXIÓN A LA GRIEGA

   Cuando parecía que la vieja Europa había llegado a acuerdos solventes para mitigar el hedor de la deuda griega,  quienes la administran convocan un referendum sorprendente;  van a pensarse si las condiciones impuestas por los demás para condonar parte de la misma son admisibles,  o sea,  van a decidir si pagan parte de lo que deben, o nos mandan a los demás a hacer puñetas tras haber recibido más ayudas con anterioridad.  No les importa quebrar porque ya están quebrados y no les salen ronchas,   lo que les fastidia es que se les llame morosos y les manden al cobrador del frac luciendo un  " lederhosen ".
   Les trae al pairo ser europeos si tienen que ponerse al día con el casero y van a pensarse si hacer lo que todos los europeos quisieran:  salirse del euro. 
   Añoran sus dracmas,  que eran 100 leptas,  con los que se movían en su salsa,  hasta que llegamos a descubrirlos y les dijimos que un euro valía algo así como trescientos cuarenta dracmas.  Ya sabemos que con el cambio de moneda al común europeo,  los únicos que salieron ganando fueron los gorrillas aparcacoches,  que pasaron de asaltarnos por cien pesetas a hacerlo por ciento sesenta y seis, con vaya usted a saber cuanto más. 
   La bolsa,  que es muy altruista aunque esté poblada  de especuladores,  ha pegado un batacazo inmediato.  Los griegos no quieren más especulaciones y desconfían de tanto altruismo europeo.  Son griegos pero no tontos.
   Papandreu es alto y su ministro postulador frente a europa,  gordo;  ambos bien alimentados,  los arruinados de ahora no son como los de antes,  que tenían caras de hambre.  Igual van y nos dicen que se largan,  que ya están hartos,  que quién es él,  que en qué lugar se enamoró de tí y a qué dedica el tiempo libre,  refieriendose al   ditero  que le mandamos todos los días.
   Tendríamos que hacer una europa a nuestra medida,  imaginen la formada por España,  Italia,  Portugal y Grecia.  Cada cual con su moneda,  cada mochuelo en su olivo;  los franceses y alemanes nos mirarían con envidia y,  sobre todo,  con cabreo,  porque ellos son así de suyos.  Algún día podríamos admitirles en el grupo,  cuando nos paguen lo que les debemos.
  
  

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