sábado, 5 de noviembre de 2011

ESPACIO PARA LA POESÍA (Noviembre)

  La historia enseña como del enemigo hiere hasta la sombra y por ello nos irrita su memoria,  en un ejercicio de prolongación absurda de las diferentes afrentas.  Con el autor de hoy pasa esto;   como con otros que en una determinada época tomaron una opción política concreta.  Creo que cada vez que intentamos enterrar a  un autor por este motivo,  no hacemos sino echar tierra sobre  nuestro conocimiento.   Ocultar su obra,  cualquier obra,  con independencia de credos, no es sino alumbrar más nuestra ignorancia y,  lo que es más grave,  la de las generaciones que se están formando.  También es nuestra responsabilidad.



¡Cómo volaba el pensamiento mío!…
Fue un dulce anochecer. Se adivinaba
por su rumor, bajo la peña, el río,
y la mano del viento preludiaba
un aria triste en el pinar sombrío.
Como una bruma de melancolía,
no sé qué dulce calma bienhechora
pasó rozando con el alma mía…
Tú que en mí estás, mujer, a toda hora,
¡nunca has estado en mí como aquel día!…
Quise gritar mi pena.
y ante la soledad de los caminos
alfombrados de luna y la serena
quietud de muerte de la noche, llena
de olor de flores y rumor de pinos,
«¡La quiero!…», dije con fervor sincero.
«¡La quiero!…», repetí, y el aire blando,
con un rodar de voces fue gritando
desde la sierra hasta el pinar: «¡La quiero!
Callé y calló la noche. El alma mía
volvió a encerrarse en la melancolía
de este secreto amor hondo y austero,
que nadie sabe y del que nada espero…
¡Sólo lo supo el agua que corría
y una flor desvelada, que tenía
una cita de amor con un lucero…


Revelación,  de JOSÉ Mª PEMÁN
(Cádiz,  1897-1981)

                                                                                                                                                                                                             

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