domingo, 25 de diciembre de 2011

DÍA SIN PRENSA

   Para los suscritos,  el día comienza con desayuno a secas y se lleva mal.  El zumo de naranja a veces no se hace,  por vagancia más bien y las tostadas pueden sustituirse por polvorones de Medina,  roscos de vino o esas bolas de coco que hacen buen maridaje,  tan temprano,  con el café.  Pero hoy falta la prensa.
   Habitualmente me han dejado en el felpudo el diario bien temprano y ya estás acostumbrado a mezclar Urdangarín con mantequilla o disparatados diferenciales financieros con el descafeinado.  Los socialistas no terminan de analizar la abultada derrota y mientras se diluye el azúcar,  dos terrones,  cruzan comunicados reivindicativos sorprendentemente firmados en algún caso por las mismas personas;  unos juran  no conocer a Zapatero de nada y otros lo son,  según dicen.
   Las diarias acusaciones  de Griñán,  vaya desilusión y Arenas,  vaya mirada,  se cruzan con la pastilla de la tensión.  Uno no me gusta como mira y me inspira desconfianza,  el otro me la defraudó hace tiempo;  no sé como la tendré,  me refiero a la tensión,  pero no pienso mirármela porque se sube.  Uno ya se conoce desde hace mucho tiempo.
   Por unos o por otros  se me enfría el café y es que estas máquinas de ahora lo hacen rápido pero no muy caliente y encima yo soy de los de antes y cada vez menos de ahora y le pongo leche condensada.  Algunos le llaman a esto café de pucherete y yo llamo cabritos a quienes supongo que manejan los mercados,  que no nos dejan hacer bien ni la digestión del desayuno.
   Nos hemos pasado algún tiempo haciéndolo,  me refiero a desayunarnos,  con la Sra. Mérkel y ahora es Rajoy quien parece estar a mi lado,  silencioso,  es lo suyo.
   En los deportes hay pocas novedades,  salvo que una parte considerable de la aficción está que trina contra el entrenador de mi Cádiz,  quizás porque solo estamos los primeros.
   Todo esto hasta ayer,  claro,  porque hoy hemos carecido de prensa por el descanso navideño del personal.  Nos hemos tenido que contentar con releer la de ayer y por eso no conocemos las reacciones al discurso del Rey,  del que habitualmente pasa todo el mundo,  pero esta ocasión era especial,  tenía su morbo y es que había gente esperando algo así como unas disculpas que han brillado por su ausencia,  quizás porque solo estamos ante hechos supuestos y suponíamos demasiado.
   Mañana será otro día y nos desayunaremos mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario