sábado, 3 de diciembre de 2011

EL FÍN DEL MUNDO

   Como quien no quiere las cosas y seguramente distraidos por la dichosa crisis,  estamos a un tiro de piedra de llegar a 2012,  año en el que según los Mayas y otros predictores de menos caché tendrá lugar el fín del mundo.
   Mire usted por donde,   nos queda un año para ponernos en paz con demasiadas cosas,  tendremos que ir haciendo algo.  De momento,  negociar con el banco la hipoteca y pedirle replantear tras ese tiempo cuotas e intereses dejándonos estos ultimos dias de nuestra existencia sin apreturas.  Naturalmente,  no debe decirse nada en la entidad de los motivos que nos mueven,  no sea que quieran cobrarnos todo antes del apocalipsis.
   Habrá que hacer las paces con la comunidad de propietarios y abonar ese recibo que tenemos pendiente  por desacuerdo con el color que le han puesto al ascensor,  incluso volveremos  a hablar al vecino gilipollas que todos tenemos en la escalera;  también cabe,  por dar alternativas,  dejarse llevar por la tentación y darle un par de guantazos.  Hablando de tentaciones,  no hablaré del oscuro objeto del deseo que todos llevamos dentro,  atado y bien atado,  con quien usted y yo sabemos y callamos.
   Caso de que éste también confluya en el vecino antes mencionado,  lo recomendable es la segunda opción.
    Lo que me tiene más preocupado es lo de Rajoy;  tanto tiempo lleva el hombre aguantando la coña de los suyos y la mala uva de los otros y resulta que ahora que llega al poder,  no tendrá el suficiente para impedir el fín del mundo.  Nos va a dejar en la duda de saber si esto tiene arreglo,  aunque muchos creemos saber que no,  y deberá plantearse si para un año merece la pena pelearse con sindicatos,  funcionarios,  pensionistas,  parados y no sé si me dejo a alguien.
   Tiene la ocasión de pronunciar el discurso de investidura más brillante de la historia:
-Pues para lo que nos queda en el convento,  me cago dentro.
   Pero ni usted ni yo ni sus partidarios y detractores,  lo imaginamos dando esa campanada y se callará en el discurso el poco tiempo que le queda a él para arreglar ésto y a nosotros para echarle en cara el no hacerlo.
   Ya imagino largas colas ante los confesionarios,  similares en extensión a las de las oficinas de empleo.
-Hace cincuenta y dos años que no me confieso,  padre...
   Lleva usted un montón de años pagando religiosamente el recibo del Ocaso y ahora resulta que no va a servirle de nada,  dando la razón a mi suegro cuando decía que,  llegado su día,  le metieramos en el contenedor.
   Se ignora cómo sucederá todo,  si un planeta despistado chocará con la tierra o el cambio climático nos llevará por delante.  Hay tantas teorías como mamarrachos profetizando,  aunque lo de los Mayas tiene mal color.
   Por si acaso,  haga lo de la hipoteca y póngase en paz con la comunidad;  ya sé que lo del vecino es tentador y acabará soltándole un sopapo en la escalera.  Si al final todo resulta un camelo,  eso habrá ganado.  Piense que para diciembre del 2012 no estará Zapatero en el gobierno y eso será considerado  atenuante para la ejecución de la profecía.  Ya vé como a fín de cuentas hay un motivo para la esperanza.
  
  
  
  

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