viernes, 9 de diciembre de 2011

LO DE PORTUGAL

   El país vecino se ha pasado buena parte de su existencia temiendo una invasión española,  vaya usted a saber porqué,  mirando con desconfianza al onubense,  extremeño,  salmantino o gallego que entraba en su país a comprar toallas,  sábanas y manteles,  llevándose de paso la figurita del gallo para decorar el rincón más feo de la casa.  Poco a poco fuimos entrando todos y dejando de lado los tópicos sobre sus habitantes,  que si eran tristes,  que si todos tenían bigote y al decir todos digo,   como se  dice ahora,  todos y todas.
   Cuando hicieron sus autopistas comenzamos a hacernos asiduos,  dejando allí buenos dineros y recorriendo su geografía para evitar la española ruta de la plata,  cuyo principal peligro eran,   curiosamente,  los portugueses.  Las carreteras normales,  especialmente las del interior,  eran infames pero esas vías rápidas,  bien construidas posiblemente con fondos europeos,  hacían atractiva la visita.
   Ahora,  ante la ruina que tienen encima,  han decidido sacar fondos de los de la ruina de al lado,  que somos quienes más entramos,  con un peaje impresentable.  No seré yo quien a partir de ahora vaya a por sus toallas,  ni por sus sábanas ni por sus manteles.  Tristes sí que son,  mire usted y ahora lo van a estar más. 
 

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