domingo, 18 de diciembre de 2011

MI GUITARRA

   Se me ha caído y tiene una fisura importante en el cuello del mástil,  cerca del clavijero;  mi vieja guitarra española tendrá que pasar por las manos del lutier y ya no será la misma.  No será mi guitarra, que jamás nadie que no fuera yo tocara,  no sonará igual aunque lo haga mejor,  no será mi sonido,  no serán los míos sus acordes.
   La he tomado con cariño y aflojado cuidadosamente su cuerdas para ver si había mayor daño del inicialmente comprobado y,  ya más tranquilamente,  he procedido a afinarla,  no sé si por última vez.
   La prima en MI,  lastimosamente aguda,   quizás quejándose al apriete de la clavija,  lento,  muy lento,  como si doliese;  la segunda en SI,  jugando todavía,  como otras veces,  a despistarme en el balance con la anterior,  la tercera SOL,  como siempre a un semitono,  marcando distancia con las chillonas,  la cuarta en RE,  ya sólida y más grave,  o más seria,  o más triste;  busca acomodo rápido en LA la quinta,  soberbia y dominante,  para dar paso a una sorda sexta de nuevo en MI,  oronda y cercana.  Un rasgueo en DO mayor evidencia la correcta afinación y en FA no se detecta el temido trasteo.  Quiere sonar,  quiere vivir y ser siempre mi guitarra.   No la llevaré a reparar;  como me sucede a mí,  los años dejan su huella y ambos sabemos que nos llegará un final,  pero mientras vamos a seguir siendo como nos conocemos y desgranando cuanto ambos,  juntos,  sabemos convertir en unas melodías que no son ni mejores ni peores que otras,  pero queremos que sean solo nuestras.
 

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