jueves, 15 de diciembre de 2011

COCINA DE AUTOR

   Un plato normal suele medir unos 25 cm. y usted comprueba con asombro que  la superficie ocupada en él no excede de 8 cm.,  con lo cual le es fácil deducir que aquél sourveillon au soleil dans coup du fruits sauvages,  que un estirado maitre le ha asegurado sin apenas prestarle atención  estar compuesto por bacalao con yerbabuena,  representa solo un 32% de la superficie y,  sobre todo,  una extraordinaria tomadura de pelo.
   Previamente le han traido la fuentecita escasamente ocupada por un minúsculo trocito de jamón enrollado en barquillo de canela y bañado en vite du chambre,  que a usted le huele a vinagre  y ha desaparecido rápidamente en su boca con escaso rastro de sabor,  si no fuera porque le sabe apenas a  lo mismo que le huele.  A vinagre,  o sea.
   Le han abierto una botella del Ribera joven que usted a elegido como vino de la casa y que en el super de la esquina no pasará de tres euros y queda a la espera de lo que supone plato fuerte de la comida.
   Llega al fín,  el tournedó de ternera con milhojas de Cambridge caramelizado con frituras de fondue de Cabrales,  dejándole en la duda de si el plato ha crecido o menguado el contenido;  además,  huele regular.  Regular tirando a mal.
-Es el cabrales -,  le dice el camarero.
   De postre le apetecía un plátano,  que llena mucho,  pero recuerda que su señora le advirtió que en estos sitios no es lo habitual y ha aceptado el mouse de higos de Gijón bañado en Pedro Ximénez,  que en la carta aparecía con un precio por el que podría haber tenido pensión completa en un lugar de los que se come de verdad.  Traer los higos desde Asturias debe ser costosísimo.
   Porque ya nos vamos conociendo,  le haré el favor de omitir el coste de la comida y su nombre,  para que ni su señora esposa ni los conocidos le corran a gorrazos.  Tenga la seguridad de que esto le pasa,  nos pasa  a muchos,  más de lo que seguramente sería razonable;  mucho más de lo que sería conveniente y muchísimo más de lo comprensible.  Acordemos ocultar que además nos hemos quedado con hambre.
  

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