lunes, 12 de diciembre de 2011

OPORTUNISMO

   Nadie duda que la institución monárquica pasa por sus peores días en nuestro país y que a la evidente obsolescencia de su figura ha venido a sumarse,  como detonante quizás definitivo para una progresiva pero fechada extinción,  el supuesto comportamiento de un miembro de la familia real.
   Queda igualmente en evidencia la falta de control de la casa del rey sobre este tema,  haciendose necesaria ya alguna reacción en su nómina.
    Pero ya emprendieron el vuelo los buitres al olor de la carroña fácil,  manchando papeles y pantallas en un miserable ejercicio de oportunismo.
    No me refiero a la información,  al reportaje documentado y a la opinión que los profesionales deben a su audiencia,  sino al fácil recurso al chascarrillo y al escupitajo zafio que va subiendo de tono,  mientras se lleva a cabo la investigación de unos supuestos.
    La monarquía tiene su caducidad cercana y lo más sensato sería que ésta coincidiera con la de sus actuales representantes.  Corren tiempos difíciles para la economía española,  a los que no sería aconsejable añadir ahora factores de riesgo;  el nuevo gobierno tiene que asentarse,  gobernar y poner en marcha medidas de estabilidad y nada sería más dañino en estos momentos para ello que el brusco despertar de una discusión innecesaria y,  sobre todo,  aplazable.
    La justicia debe hacer su trabajo y la institución monárquica plantearse el bien de España,  que no es patrimonio familiar de nadie.  Por otra parte,  no sería justo olvidar que ella,  la monarquía,  fué elemento facilitador de una transición y posteriormente puntal en el que se apoyó una democracia aún incipiente,  acosada por salvapatrias de pacotilla.  Otros servicios,  menos conocidos,  como su papel moderador en los EE.UU,  Marruecos,  hispanoamérica,  etc.,  tampoco deben ser olvidados.
   Así pues,  dejemos las prisas y que los buitres tengan paciencia;  no dice mejor quien más grita ni mejor escribe quien más mancha. 
  

   

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