jueves, 29 de diciembre de 2011

PANORAMA

   Pues sí que nos hemos quedado tranquilos al conocer que el Rey solo cobra doscientos noventa y tres mil euros al año,  que es poco más del salario mínimo interprofesional de los reyes,  digo yo,  sumados los gastos de representación del cargo.  Nos hacía falta este ejercicio de transparencia para entender entre otras cosas,  que su salud se controle siempre en clínicas privadas,  sin colas ni listas de espera como las que usted y yo padecemos,  pero no por privilegio real sino porque no pagan cuotas a la seguridad social.
   También es fácil deducir que los empleos como consejeros de diversas empresas que han disfrutado y disfrutan los señores yernos,  son consecuencia de su alta preparación para los mismos.
   Pero el panorama nacional tiene otras preocupaciones y no creo que los españoles duerman mejor esta noche al conocer estas cifras que,  posiblemente,  solo hagan descansar bien a quien las disfruta.   
   La crisis creada por los bancos y la especulación precisa mayores ajustes aún en sus víctimas y eso sí que puede quitarnos el sueño;   porque todo consiste en abaratar la carne de cañón en el mercado de las componendas.  Mientras las cajas de ahorro,  pobrecitas,  piden mayores medidas de control,  hay bancos rescatados con dinero público que ofrecen agresivos intereses para captar pasivo y el señor gobernador del Banco de España,  que estaba en Bavia cuando se gestaba la crisis,  ha trasladado allí su residencia definitivamente.
   Cuando todo esto pasa,  hay gentes que ejercen la noble labor de distraer al personal de sus preocupaciones y así encontramos a Hugo Chávez acusando a los EE.UU.  de inducir el cáncer  mediante algún secreto procedimiento   a algunos mandatarios iberoamericanos que no son de su cuerda;  en Siria baja estrepitosamente el precio de la carne de sirio vivo,  con un oftalmólogo con poca vista como presidente y vemos los funerales de Kim Jong-il plagados de gente llorando por lo perdido o,  quizás,  por lo que les llega.  Siempre habrá humoristas para distraernos de la realidad y es de agradecer que así sea porque no está el horno para bollos y aún se puede poner peor,  cuando no haya bollos para el horno en muchos hogares.
   De momento se ha congelado el salario mínimo para mostrar,  dicen,  el camino al sector privado;  los funcionarios están a verlas venir,  que últimamente siempre les vienen pardas y estos días de frecuentes desplazamientos contemplan la solidaridad de los trabajadores de Renfe y pilotos de Iberia.
   A ver si se acaba pronto este año y comienza el nuevo,  para ver quien es el primero en fastidiarlo.
 
  
  
  
  
  
  
    
  
  

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