domingo, 11 de diciembre de 2011

PÉRFIDA ALBIÓN

   Ya en 1793,  un francés de orígen español,  que vaya mezcla,  definía al Reino Unido como la pérfida Albión,  en un alarde de adivinanza de cuanto en el futuro habría de devenir a quienes hicieran tratos con los ingleses.  La idea de una Europa unida en lo económico o en cualquier otra cuestión,  no estaba ni mucho menos en la mente de ningún contemporáneo y solo años después se vivieron intentos,  poco pacíficos,  que hubo que cortar de similar forma.
   Los ingleses son muy suyos,  tanto que no quieren ser nada nuestros y solo se sientan a la mesa a la hora de comer.
   Su premier nos dice que son el ombligo del mundo y de ahí para abajo todo le huele raro,  como si no fuera lavable y reutilizable,  pero es lo que hay.  Se le ha entendido,  tanto,  que posiblemente le cueste su puesto de trabajo.  A pesar de todo ello,  me caen bien.
   Dicen que el francés Zarkozy  ha estado en todo momento al servicio de la señora Mérkel,  que le pasa revista todos los días;  añaden que hay física,  química y matemáticas entre ellos,  quizás porque el roce hace el cariño.  Churchill,  conocedor de que alguien tomaría buena nota,  soltó aquella frase de sangre,  sudor y lágrimas ante una situación igualmente adversa y su actual sucesor,  a falta de mayor ingenio,  ha dicho algo irreproducible porque ni ellos le entienden.
   Rajoy ha desembarcado en la playa desde donde se manda en Europa y la lideresa le ha mirado atentamente el paquete.  El económico,  naturalmente,  y parece haber quedado satisfecha.  Con algo de suerte,  los españoles podremos conocerlo en breve.  De momento,   nos han nombrado mindundis,  que debe ser un grado iniciático.  No podremos ejercer el veto en decisiones económicas de peso,  pero sí podremos aplaudir.
   Shakespeare,  en su obra El rey Lear,  puso en boca del bufón aquello de  " entonces,   en el gran reino de Albión,  llegará la confusión:  llegará el tiempo en que se caminará con los pies ",  como posible visión de lo que se les avecina.  En España no hemos necesitado que nadie nos avisara de la confusión:  la estamos viviendo y ya nos arrastramos hace algún tiempo.
   Los únicos que no se han confundido son los que se lo han estado llevando calentito y asegurando su futuro dejando quebradas algunas entidades y el prestigio de alguna familia.

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