martes, 13 de diciembre de 2011

TV PARA TODOS

      Recuerdo,  ya algo vagamente,  el primer televisor que entró en mi casa,  un DeWald  hoy antediluviano,  que nos trajo a  Elliot Ness empeñado en mantener la ley seca a tiros con sus metralletas Thompson y aquellas cartas de ajuste que mirábamos hipnotizados,  todo ello naturalmente en blanco y negro.
      Había dos canales,  todo un lujo,  el VHF o sea la primera y el UHF,  la segunda,  con unos horarios muy ajustados en ambos casos.  En casa de un amigo tenían un televisor de monedas,  al que había que ir alimentando cada cierto tiempo.  De vez en cuando comenzaba a ponerse en negro y había que echar la moneda para enterarse del final de la película.  También quedaba el recurso,  para muchas personas,  de verla en bares que disponían ya del artilugio.   Era una televisión contemporánea de la pirenaica,  radio monotemática situada bien lejos de los pirineos,  que aún muchos recordamos.
      Hoy disponemos de innumerables canales,  no sabría decir cuantos,  televisión por cable,  alguno de suscripción y vaya usted a saber cuantas opciones más.  A veces me sorprendo enfadado,  diciendo  "no hay nada" y  buscando  entre infinidad de posibilidades en un aparato que ni siquiera sé utilizar bien.
      Pero lo más sorprente para mí es la proliferación de personajes venidos del submundo de la vulgaridad y el mal gusto,  impresentables presentadores de impresentables programas con personajes impresentables,  para un público que,  como todos,  es  respetable y que para colmo conforma una nada despreciable audiencia.  Como cuando el Marca representaba la prensa más vendida o Corín Tellado la más vendida escritora.
      Afortunadamente,  casi todo se concentra en una cadena y tenemos muchas más opciones pero dice poco de nosotros,  o mucho según miremos,  el índice de audiencia que presenta.
      Ante cuaquier polémica o duda suele recurrirse al tópico:  " millones de moscas no pueden equivocarse:  comen mierda ".
      Queda dicho que tenemos muchas otras opciones en el poblado dial;  ya Joselito El Gallo avisaba afirmando que "hay gente pa tó" y para todos hay que programar televisión.  Aunque me parezca auténtica coprofagia.
     

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