jueves, 12 de enero de 2012

SIN COBRAR

   Si sumamos la cantidad de ciudadanos de nuestro país que en estos momentos las están pasando canutas,  porque su ayuntamiento no les paga desde hace meses o su empresa carece de medios para hacer frente a sus nóminas,  porque no cobran del mismo ayuntamiento,  tendríamos una ingente cantidad de personas que mañana tendrán que ir a trabajar,  como cada día,  con el desánimo como bandera y la frustración como guía. 
   Su ayuntamiento no recibe crédito del banco al que todos hemos contribuido a reflotar para que sus directivos y accionistas no vean mermada sus ganancias y ha gastado cuanto no tiene en subvenciones a peñas culturales y recreativas de larga barra y corto alcance,  en festejos y tablaos,  en visas oro y blackberrys último modelo,  en plantillas sobredimensionadas,  en exceso de solemnidad y escasa verguenza.
   Y oímos como un niñato pijo pedía por teléfono a su valedor una provisión de caviar y escuchamos grabaciones que pondrían roja la cara a sus protagonistas de tener un mínimo de dignidad,  y leemos como Rinconete y Cortadillo continúan sus andanzas por Sevilla.
   Y vemos como nos suben los impuestos quienes juraban que no iban a hacerlo y aún amenazan con mayores recortes.  Pero hay muchas personas que ni siquiera cobran su salario desde hace meses y aún no han prendido fuego a su ayuntamiento.
   Solo quieren comprar el pan sin pedir fiado,  pagar su hipoteca,  la luz,  el gas,  pero no hay dinero y el alcalde cierra la ventanilla del coche oficial al llegar,  para no oirles.  No hay nada más molesto que los gritos de la razón.
   Y sale gratis,  sale gratis el mangoneo de tantos,  la desverguenza de muchos;  unos salen ya con las espaldas cubiertas y entran otros a cubrírselas,  espaldas y bolsillos. 
   Y en la esquina,  cuando acaba su jornada laboral,  quienes llevan meses sin cobrar lo que en justicia les corresponde,  esperan tras una pancarta,  ya raída,  que alguien les pague sus salarios atrasados.
  
  
 

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