martes, 24 de enero de 2012

UN TAL BLÁZQUEZ

   No hace mucho que el guipuzcoano Xabier Arzallus,   individuo que ha vivido largamente de la política sin haberse presentado jamás a unas elecciones,  llamó a Ricardo Blázquez,  designado entónces como obispo de Bilbao,   " un tal Blázquez ",  incidiendo así en su rechazo por no ser nacido en aquellos lares y considerarlo indigno del puesto.  Ese ex jesuita de ascendencia carlista puso esta especie de mote al personaje,  que le acompaña aún lejos del país vasco.
   Así,  monseñor Blázquez,  repara ahora en que los miembros del partido popular no llevan angelicales alas en la espalda,  que los hay divorciados,  alguno varias veces,  casados solo por lo civil,  madres solteras,  homosexuales,   etc.
   Todo un catálogo de pecados supuestamente de izquierdas en la élite de derechas.  Sin alas y hasta pretendiendo pregonar la semana santa sin haber pasado por la vicaría.  Hasta ahí podíamos llegar.
   Simultáneamente,  otro colega del tal nos habla de lo pernicioso de la fornicación,  como si el orígen de su propia vida estuviera en el espíritu santo.  Afirma que en los colegios se dirige ahora a los jóvenes hacia esa maldición,  quizás refiriéndose a la información sexual que antes nos daban con el ejemplo de la flor y que tanto viaje a Londres provocó,  lógicamente entre quienes podían hacerlo, posiblemente abuelos y padres de quienes hoy le escandalizan por no llevar alas.
   La Iglesia es,  afortunadamente,  mucho más que esta intransigencia o la enfermiza manía de ver solo basura porque se sueña mierda,  de alguno de sus componentes.  Como en todas las instituciones,  hay gente dentro empeñada en poner lodo en sus calles,  aunque prevalece el brillo de su labor benéfica.
   Tanto pastoreo solo para ovejas rollizas hace olvidar a algunos que hay otras con necesidades y lo importante es cuidar el rebaño,  aunque no todos sus balidos se hagan en latín.
 

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