martes, 7 de febrero de 2012

LA TORMENTA QUE VIENE

   La borrasca causante del frío, la lluvia, la nieve y el hielo que nos están helando, enfriando y mojando el cuerpo y la casa que compartimos con el banco,  nos viene de la Europa intermedia,  la que dirige ese dúo dinámico que nos mira a los demás por encima del hombro. 
   Si esos elementos meteorológicos tuvieran algo que ver con la lógica,  o sea,  con la deuda frente al PIB (producto interior bruto),  llovería mucho más sobre Francia,  que tiene un 85,2% y Alemania,  con un 81,8%,  que sobre nuestra España,  que solo ostenta el 66%,  muy debajo de la media de la eurozona,  que está en el 87%. 
   Pero son ellos quienes mueven las borrascas y mojan a quien les viene en gana o,  quizás,  a quienes peor se defienden.  Nuestro problema es el paro y por eso no paramos de despedir personal con la diferencia de que en breve lo haremos a bajo precio.  Nos van a dejar mojados,  despedidos y congelados.
   Para soluccionar el desvarío de quienes han arriesgado el dinero de los demás,  hay que reformar el sistema financiero,  costeando el cambio de nombres y promoviendo fusiones que pagaremos todos los que pagamos siempre.  Pero el alto coste de tanta filantropía hacia los financieros,  habrá que detraerlo de cosas como despidos más baratos y recortes sociales. 
   Para dar ejemplo,  el Sevilla C.F.,  por decir algo,  despide a un tal Marcelino,  liquidándole hasta el último euro y ficha a un cual Míchel,  al que aplicará el salario habitual:  un millón de euros hasta final de temporada,  que por si no lo sabe,  es en verano.
   Como tantos otros trabajadores de caballo de tres millones para que pasee la nena y conozca al  hijo de otro que también le ha comprado una jaca por cantidad semejante.  De seiscientos mil euros de sueldo al año,  bonos aparte,  de algunos directivos de cajas de ahorros,  aquellas de labor social,  que ahora desahucian ciudadanos a diario.  Como tantos otros que a través de sus SICAVs, (sociedades de inversión de capital variable),   consiguen pagar menos impuestos que el currante sujeto a nómina mileurista.   Pero Hacienda persigue a los electricistas que no hacen factura,  porque el fraude fiscal parece que arranca ahí.
   En fín,  qué quieren que les diga;  nos mandan frío desde Europa y aquí nos congelan.  Si algún día conseguimos levantar cabeza,   podremos plantearnos si continuar en este club nos merece la pena.  La cuota es demasiado alta y los columpios están siempre ocupados por dos listillos que llegan antes porque están más cerca.  Y encima nos mandan frío.

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