miércoles, 22 de febrero de 2012

GRISES NO, GRACIAS.

   Quienes tenemos edad y la memoria suficiente,  rememoramos aquello de correr grises que,  unas veces por compromiso y otras por compromiso y casi diversión,  pusimos en práctica en su momento.
    Me tocó vivir tiempos de legalización de PCE y las primeras elecciones democráticas residiendo en Madrid,  que era mucho más que la capital de España.  Allí los grises daban más leña,  corrían más y demostraban más mala leche que en el resto de la geografía nacional,  según cuentan algunos que recibieron palos en distintos lugares. 
    He visto ayer y hoy en televisión a algunos de ellos,  de aquellos grises,  mezclados con funcionarios mandados a reprimir un movimiento inocente en principio,  por gente de escasa talla política y humana.
    Al abrigo de funcionarios que cumplen órdenes con mesura y proporción,  estos nuevos grises entre otros policías antidisturbios han arreado con mala leche a todo lo que se les ponía por delante.
    Estos grises,  como aquellos de mis tiempos,  son pegones porque se escudan en otros;  valerosos en compañía,  seguramente mindundis en solitario.  Harán mal los sindicatos policiales si en vez de sacar la paja del trigo,  de desenmascararlos,  los arropan.   Mancharán al colectivo.
    Otra cosa es lo del responsable principal de la policía en Valencia,  al definir como enemigos a los manifestantes,  estudiantes de instituto,  padres,  familiares y transeúntes sorprendidos por la inusual y desproporcionada violencia policial.   Este individuo seguramente estaría mejor guardando una garita en la isla de Alborán,  caso de que allí no sean muy exigentes con la calidad de sus funcionarios.
   Hay que exigir que los antidisturbios lleven,  como ya existe en otros países,  una numeración claramente identificable en su indumentaria.  Así,  si aparece algún valeroso pegón entre el conjunto de funcionarios actuantes,  se le podrá recomendar un empleo más apropiado.
   He visto otra vez a los grises,  son pocos pero hay que idenficarlos e invitarlos a buscarse otro trabajo.  No son la policía que un país moderno y democrático merece.
     
   
   

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