miércoles, 14 de marzo de 2012

LA ADMINISTRADORA ADMINISTRACIÓN

   Siempre me ha sorprendido el número de personajes o si ustedes quieren,  cargos,  que  pueden existir en una administración.  Curiosamente un objetivo que debería ser la optimización de los recursos,  se complica cuando el número de optimizadores conforma una parte importante de su coste.  Es que hay mucha gente por colocar,  siempre hay mucha gente por colocar para que te digan lo que quieres oir y te hagan lo que quieres hacer.
   Citaré un ejemplo:  si contemplamos el número de consejerías de la Junta de Andalucía,   por no ir más lejos,  veremos que son,  salvo error u omisión,  trece.
   A saber:  consejerías de presidencia,  gobernación y justicia,  hacienda y administración pública,  educación,  economía innovación y ciencia,  obras públicas y vivienda,  empleo,  salud,  agricultura y pesca,  turismo comercio y deporte,  igualdad y bienestar social,  cultura y medio ambiente.  Lo dicho,  trece.
   Si tenemos en cuenta que Andalucía consta de ocho provincias y que cada consejería está representada en ellas por un  delegado provincial,  haciendo cuentas llegamos a la conclusión de que solo en mandamases tenemos ciento cuatro delegados.
   En la escala de mandamases pero menos tenemos a los distintos directores generales de cada departamento,  subdirectores,  secretarias/os,  que pueden ser varios por cada consejería,  según sus responsabilidades varias.
   Añada a este comienzo de curiosa estructura un número de funcionarios para cada delegación provincial,  alquiler de oficinas,  consumibles,  teléfono,  etc.
   Sume vehículos oficiales y chóferes...
   Un ojo de la cara,  como suele decirse,  sin meternos en otras estructuras alternativas;   todo un ejemplo de racionalidad.   El mantenimiento de la administración,  la andaluza y todas las demás,  son el principal gasto de la misma.  Esto es lo que se viene llamando la optimización de recursos.
   Así nos luce el pelo.
  
  
  
  
  

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