lunes, 12 de marzo de 2012

NOS VEN VENIR

   El presidente francés Nicolás Sarkozy es un gran hombre concentrado en poco espacio,  al que no se le puede negar una fuerte personalidad,  amén de protagonismo y poder dentro de lo que en un derroche de buenismo consideramos la Europa unida. 
   Se encuentra en una campaña electoral más discutida de lo esperado y recurre,  como han hecho otros bien cerca,  al aguerrido voto de la derecha radical.  No se viste de Le Pen pero amenaza con revisar a la baja los acuerdos de Schengen.  En esta pequeña localidad luxemburguesa de poco más de seiscientos habitantes se firmó inicialmente en 1985 un protocolo de eliminación de fronteras internas,  buscando lo que se dió en llamar un espacio de libre circulación de personas provenientes de los países firmantes.
   Don Nicolás dice estar harto de tanta inmigración incontrolada y apunta sin el menor disimulo a los países con fronteras exteriores,  o sea,  con terceros no miembros,  a los que acusa no infundadamente de excesiva relajación en sus obligaciones de filtrado.
   Pero hay una segunda visión,  que no quiere comentar,  coincidente con las medidas del gobierno alemán para evitar avalanchas de inmigración:  en España van a llenarse las estaciones y organizarse pronto peregrinaciones en busca de porvenir,  porque el por llegar aquí viste de negro.  Y lo más cercano es Francia y un poco más arriba,  hacia la derecha más o menos,  Alemania.  Qué casualidad.
   Asusta a Europa ver a tanto español en paro y aún le asusta más lo que se avecina después de las elecciones andaluzas,  cuando la moderación se quite el velo tras el último intento de colocar a Arenas.
   Alemania elimina ayudas al nuevo inmigrante,  aunque sea ingeniero de caminos,  canales y puertos y Francia revisará los acuerdos de Schengen. 
   La imagen del español con la maleta de madera atada con cuerdas,  el pantalón remendado y  el brazalete negro de luto en la manga,  cobra vida.  Aquí fuimos así aunque duela recordarlo.  Allí sí nos recuerdan y comienzan a tomar medidas.  La solidaridad no está de moda.

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