lunes, 5 de marzo de 2012

PESIMISMO Y REALIDAD

   Sobre el pesimismo hay tanto escrito que podríamos exponer todo un tratado que haría largo y pesado este comentario.  Baste recordar solo dos referencias que lo sitúan especialmente en la actual coyuntura europea y singularmente en la de nuestro país:
   " Pesimista es el optimista bien informado ",  es la más conocida acepción aunque personalmente prefiero esta otra,  quizás menos enrevesada:   " el pesimista es un optimista con experiencia ".
   La realidad es que todos los datos que manejamos y aún más los que solo manejan algunos,  apuntan a que vienen tiempos aún peores que los que vivimos hoy.   Se ha decidido reflotar la economía de unos pocos hundiendo la de todos los demás.
   Es cierto y fácil preveer que a mediados del año que viene el empleo puede comenzar a crecer,  tras dejar en la estacada a seis millones de ciudadanos.  Se están poniendo las bases para que ambas cosas sucedan,  pero nadie explica qué tipo de empleo va a generarse,  en qué condiciones,  con qué sueldos ni cómo se regularán las relacciones laborales futuras.  El conocido como estado del bienestar habrá pasado a peor vida y lo habremos convertido en el de los nuevos jornaleros.
   Mientras,  Hacienda,  eso que éramos todos,  está súmamente escamada porque no ve los incendios o saqueos que esperaba a raiz de la situación de varios millones de españoles y husmea el fraude bajo las alfombras.  No puede ser,  piensan,  que la gente esté tan tranquila,  que no haya aumentado la venta de navajas ni se vean ciudadanos merodeando con latas de gasolina.
   Buscarán en los polígonos industriales,  esas naves supuestamente abandonadas,  por si la gente trabaja a la luz de las velas en telares o talleres ilegales.  Lo que nos decían de los chinos resulta que se ha adoptado,  cree Hacienda,  por nuestros desempleados.  Si no fuera por eso,  dicen,  estarían ya quemando cosas.   Puede que no les falte razón en ésto.  Demos tiempo al tiempo.

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