miércoles, 21 de marzo de 2012

RINCONETE, CORTADILLO Y CIA.

   Lejos estaba don Miguel de Cervantes de suponer que en 2012 estaría tan de actualidad su concepto del pícaro nativo,   extraordinariamente plasmado en una de las más destacadas novelas ejemplares que hoy no leen los niños en sus escuelas.  Dudo incluso que les suene el nombre del autor,  a ellos y a alguno de sus docentes.
   Si recurrimos a Wikipedia,  entre otras curiosas observaciones,  podemos leer sobre los orígenes de la literatura picaresca:   "  ... se produce una proliferación de tales personajes,  ( se refiere a los pícaros ),  por la confluencia de factores económicos,  sociales,  políticos y espirituales.  Es cierto que la decadencia económica y moral que afectaba a España en aquellos momentos,  (siglos XVI  y XVII),  propició la multiplicación del lumpen;  sobre todo cuando la riqueza que seguía recibiendo España no repercutía en las clases bajas ni tampoco en la prosperidad general del país,  al contrario que en otros estados europeos.  De ella solo se beneficiaba una clase social cuya ostentación y lujo producían un fuerte contraste con la miseria de los bajos estratos sociales.  Consecuencia directa de la crisis económica,  fué la aparición de multitud de pícaros,  ladrones y pedigüeños.  "
   ¿ Le suena ?,  Cervantes parece haber pasado unos días entre nosotros recientemente y creerá haberse quedado corto.
   Solo podríamos hacer constar una discordancia entre ficción y realidad,  entre la genial inventiva y la cruel realidad:  ya antes de la crisis había Rinconetes y Cortadillos y no solo por Sevilla.
   Estos días conocemos más datos de las andanzas del director general y su chófer,  más ejemplares que las novelas en cuanto a especímenes reprobables,  por cuanto además malgastaron dinero destinado a crear empleo o al menos paliar su falta.   La justicia ha puesto a buen recaudo a estos pájaros provisionalmente.
   También conocemos que se dicta cárcel para el estirado expresident balear,  de quien su anterior jefe,  que ahora jura no conocerle,  expresó admiración por su buen gobierno.  Menudo pinta.
   Y qué decir de quien informaba a sueldo del informado,  el periodista que cobraba por sus crónicas sobre el anteriormente mencionado.  La opinión a la venta,  la objetividad a la basura.
   Cervantes describía en sus obras otra época que creía convulsa y una sociedad de vividores,  pícaros y sinvergüenzas que hoy queda en paños menores ante la realidad.   
  

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