lunes, 26 de marzo de 2012

TINTA ASALARIADA

   Más allá del tópico y cercada por la envidencia,  la profesión periodística pasa por los peores momentos de credibilidad de su historia.  La reciente constatación judicial de que hay quienes mojan la pluma en el tintero de quien les pague,  no hace sino poner cara a un asalariado junto a su pagador,  a sabiendas de que la especie prolifera.  Los editores lo quieren así y lo soportan los lectores,   de momento.
   Es igualmente constatable la coincidencia de todos al afirmar que  " el pueblo nunca se equivoca ",  salvo cuando vota a quien no nos gusta.
   Por eso no sorprenden los análisis que comienzan a verse sobre los últimos acontecimientos.  El pueblo se ha equivocado esta vez,  no hace pocos meses.  Los editores aprietan y el articulista exprime su ingenio,  haciendo de la pluma fusta,  quien paga manda,  o  de la tinta baba,  en algunos casos.
   No se analiza la oferta,  porque se hace propia;  es la demanda,  el pueblo ignorante,  que tiene lo que merece.
   En muchos casos no causa sorpresa lo vertido,  más que escrito,  porque sus autores destacan más por virulencia a sueldo que por ingenio;  en otros sí que es lamentable el sometimiento de la objetividad a la línea editorial que les sustenta.
   Van quedando pocos escritores independientes,  los periodistas hace mucho que se extinguieron.
  
 

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