jueves, 19 de abril de 2012

EL CLAVO Y DON DIEGO



   Se cuenta del rey inglés Ricardo III,  de cuya derrota en la batalla de Bosworth supo sacar partido Shakespeare con aquello de  " ¡ Un caballo,  un caballo,  mi reino por un caballo !,   que cayó al suelo en medio de la trifulca cuando el suyo perdió una herradura y le tiró.
   El episodio dió mucho de sí,  por lo visto,  dejando igualmente para la posteridad aquello de  "...por falta de un clavo se perdió una herradura,  por falta de una herradura se perdió un caballo,  por falta de un caballo se perdió una batalla,  por una batalla se perdió un reino y todo por falta de un clavo de la herradura...".
   Situándonos en nuestros días y por aquí cerca,  va a resultar que la culpa de todo la tiene Marichalar,  que en paz le dejen,  como lo hace la juez que entiende o más bien se desentiende,  qué cosas pasan,  de lo del tiro al pié de Felipe Juan Froilán.
   Me explico:  sin el inoportuno tiro nadie se habría preguntado donde estaba el Rey,  que no visitaba a su nieto.  Pero el demonio no solo está para perseguir a quienes dudan de sus inclinaciones y por eso buscan hombres nocturnos,  como dice ese humorista con casulla que reside en Alcalá.
   Quiso su maldad,  que para eso es demonio,  que el monarca tuviera el dichoso tropiezo y la cadera viniera a dar la nota.  Así nos enteramos,  el gobierno y todos los demás,  del paradero real.
   Rajoy,  que anda empeñado en demostrar que donde dijo digo,  saber decir diegomira hacia otro lado,  que ya tiene suficiente con lo suyo.  Como que no debe ser fácil desdecirse tanto de lo hartamente afirmado y por eso lleva un espejito guardado en la chaqueta para medirse la nariz constantemente.
   No es igual,  pienso inocentemente,  perder un clavo que un tornillo,  aunque los reyes son gente así de suya y la historia nos muestra que,  como en Bosworth,  que guarda cierto parecido con Botswana,  perder un reino está al alcance de cualquiera.  Siempre habrá lugar para las disculpas y humildad para pedirlas.
  
  
  

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