miércoles, 4 de abril de 2012

GIBRALTAR


   Hace estos días treinta años de aquél estúpido conflicto bélico entre la Argentina de los dictadores Videla,  Viola y Galtieri  y el Reino Unido de la Dama de Hierro.  La maniobra de distracción del último de los citados,   enviando tropas sin preparación y mínimamente equipadas a Las Malvinas,  se resolvió rápidamente dejando más de novecientos muertos en una tierra inhóspita y el mar circundante.  Un territorio que no merece tanta sangre.
   El imperio británico continúa siendo potencia colonial,  estado insolidario,  nación que va por libre en Europa,  asociada solo a sus propios intereses y a su destino como pérfida Albión.
   Isabel I nombró caballero y allí consideran héroe al trístemente famoso Francis Drake,  pirata,  corsario,  traficante de esclavos,  autor del ataque a Cádiz en 1587  sin previa declaración de guerra.  Todo un ejemplo.
   Gibraltar es otro ejemplo de cerrazón e insulto a la inteligencia;  un islote habitado por una veintena de comerciantes indios,  contrabandistas,  bancos blanqueadores y taxistas.
   Este es el conglomerado que defiende su modo de vida,  con la bendición británica,  que no es sino el de parasitar sus alrededores.  Ni siquiera  duermen  allí;  cuando el comercio cierra salen en tromba para sus casas en la cercana costa del sol,  Algeciras y otras poblaciones cercanas.
   La apertura de la verja en su momento,  confiando en la posibilidad de negociaciones futuras y en otro entorno político ha resultado un error en el tiempo.  Es el espíritu de Drake quien habita este absurdo enclave.
   La supuesta importancia geoestratégica del peñón y nuestras relacciones con Europa,  hoy más naturales y estrechas que las del Reino Unido,  no deben continuar siendo excusa para mantener ese status de Isla de la Tortuga moderna,  refugio de contrabandistas modernos y centro de blanqueo de capitales.
   Marcado un nuevo plazo para una negociación seria con Londres y en caso de no obtener resultados  claros,  la verja debería cerrarse definitivamente.  Quienes quieren ser isleños deberían vivir en una isla.

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