miércoles, 11 de abril de 2012

NUESTRO LEGADO


   Se atribuye con frecuencia a Bertolt Brecht una elocuente frase,  realmente pronunciada por el pastor protestante M. Niemoeller,  sobre la inacción de la sociedad ante acontecimientos injustos.
   Decía el autor:   "  Primero vinieron a buscar a los comunistas y yo no hablé porque no era comunista.   Después vinieron por los judíos y yo no hablé porque no era judío.  Después vinieron a por mí y en ese momento ya no quedaba nadie que pudiera defenderme..."
   Nos han quitado dos años de jubilación y añadido condiciones para optar a ella que no estaban previstas cuando comenzamos nuestra trayectoria laboral.  Muchos pensamos que nos afectará poco por el supuesto carácter progresivo del atraco social,  pero no pensamos en nuestros hijos,  que van a pasarlo muy mal con esta medida.
   Nos están destrozando,  una a una,  las conquistas sociales de muchos años,  con reformas laborales tendentes a precarizar el trabajo.
   Nos encarecerán el acceso a la justicia,  nos limitarán el acceso a la educación y pondrán precio a una sanidad ejemplar,  porque las administraciones no saben administrarla.   A cambio nos dejan muchos canales de televisión y autopropaganda que pagamos entre todos.
    Y escasamente hemos protestado porque quienes están detrás de todo este expolio criminalizan a quienes levantan la voz.  No hemos pensado en nuestros hijos y poco menos que nos resignamos.
    Los mercados,  la banca,  el gran capital que ahora podrá hacer aflorar gratis su dinero negro,  han jugado con fuego y solo comparten las brasas. Los beneficios quedan a buen recaudo y sin aparecer en los balances.
   Hemos celebrado recientemente el bicentenario de La Pepa,  la constitución que en 1812 convirtió a los súbditos en ciudadanos justo al tiempo en que la sumisión de gobiernos incompetentes vuelve a situarnos como súbditos del poder financiero en lo que está siendo la mayor rebaja de dignidad ciudadana de la historia.
    No pensamos en nuestros hijos y sigue sin oler a quemado.  Ya han venido a por tí y a por mí y no queda nadie para defendernos.  Ese es el legado que dejamos a nuestros hijos.

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