martes, 17 de abril de 2012

SER MADRIDISTA


   Lo de ser madridista debería conllevar desgravación fiscal en los tiempos que corren;  cuando lo de aquella delantera que acierto a recordar,  con su permiso,  Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento,  sí que era fácil serlo.  Entonces se ganaba hasta sin jugar,  éramos el equipo del régimen y al mismo generalísimo,  que de fútbol no sabía ni papa,  se le alegraban los ojillos al entregarnos su copa.
   Dos horas, dos,  acaban de transcurrir de partido entre los del Bayern,  que algo tendrán que ver con la milagrosa aspirina y nuestro Madrid,  el mío y el suyo,  el de la civilización occidental,  en la Alemania de la Merkel llena de alemanes a rebosar.
   En nuestro equipo jugaban nada menos que cuatro españoles,  con un entrenador portugués que podrá ganarse la vida en el circo cuando se retire.  Los alemanes alineaban cinco o seis nativos y los goles,  como dos soles,  los marcaron un francés y un señor apellidado Gómez,  don Mario,  mientras por otra parte, el gol español,  que debería valer por tres o cuatro,  lo ha marcado el alemán de ascendencia turca Ozil,  don Mesut.  ¿Usted lo entiende?.
   Claro que podríamos recordar los tiempos en que la selección española llevaba de portero a un tal Iríbar,  que nunca hizo ascos al dinero que ganó en España aunque después se destapó como miembro,  o simpatizante,  si es que se puede tener simpatía con semejante grupito,  de Herri Batasuna,  o algo así.
   El fútbol ya no es lo que era y el Barcelona está para recordarnoslo cada vez que nos pega un revolcón o,  dicho sea en román paladino,  cada vez que jugamos con él.
   Zapatero era y lo seguirá siendo,  supongo,  culé,  pero ya no es presidente ni de su comunidad de vecinos,  por lo que no sería de justicia culparle también de esto.  Menuda racha llevamos.
  
 

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