lunes, 21 de mayo de 2012

KRUGMAN, EL BRUJO


   A falta de programas de humor con alguna calidad en televisión,  ocasionalmente echo un vistazo a los canales de predicción del futuro,  lectores de cartas, videntes,  tarotistas y otros,  que hacen ya legión,  donde es posible contemplar a los mejores cómicos de este país,  en un interesante ejercicio de tomadura de pelo que viene a revelar con cierta aproximación el muy considerable número de incautos por metro cuadrado en España. 
   Cuando la picaresca y el ingenio,  que no hace falta tanto,  se confabulan,  el esperpento de un país tan lleno de Audis y Mercedes como de ignorantes,  se pone en marcha en sesión contínua.
   A eso que aparece en escena un tal Krugman,  que a modo de adivinanza nos acongoja con la amenaza de la salida del euro de Grecia y un posible corralito en nuestro país;  lo que pasa es que el susodicho no se anuncia como vidente y además le dieron en 2008 el Nóbel de economía.   De ahí que se nos hayan puesto los congojos de corbata.   Además,  hace la predicción gratis,  aunque sea por fastidiar.
   El ministro del ramo,  como se decía antes,  se ha apresurado a desmentir dicha posibilidad,  lo mismo que desmintieron la de subidas de impuestos,  copago sanitario,  etc.  O sea.
   Así que va a resultar que aquí hacemos mucho más caso a cualquier indocumentado que igual nos bendice el ligue de tapadillo que nos indica la forma de encontrar trabajo mejor que el INEM o nos libra del mal de ojo del vecino cabreado por reclamarle un recibo extra de la comunidad.  Adivinos de pago,  artistas del menudeo iluso.
   El vidente es un pícaro generado por la ignorancia y muchos políticos llegan a la cosa pública por degeneración de la privada,  que prefiere gente menos brillante y más trabajadora.
   Krugman no tendría porvenir entre nosotros y correría el riesgo de acabar de ministro,  por degeneración,  como digo.
   No estamos para gracias pero se echa de menos el humor,  el buen humor.  De ahí,  creo yo,  la proliferación de adivinos.
  
 

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