jueves, 10 de mayo de 2012

HABITACIÓN DEL PÁNICO


   Con ese nombre (Panic Room) se rodó una película de suspense protagonizada por Jodie Foster y conocimos la posibilidad de construir dentro de casa un recinto a prueba de invasores.  Se trata de la oportunidad de encerrarse en una habitación que cierra hermética y sólidamente,  quedando fuera del alcance de agresores,  ladrones,  etc.
   Lo bueno del invento es que podrá evitar agresiones e incluso el robo de algunas cosas,  aunque tendrá que contemplar por un circuito cerrado de televisión como devalijan el resto de sus bienes si le han cortado la comunicación exterior con la policía.
   Lo malo es precisamente ésto último:  contemplar el expolio sin poder actuar,  aunque con el nivel de la justicia que disfrutamos,  quizás sería mejor así,  ya que si daña a algún agresor podría tener que indemnizarlo.
   Mientras le saquean podrá ver en su cámara como nuestros gobernantes,  que aseguraron que jamás pondrían un euro público en la banca,  meten una ingente cantidad en Bankia,  una entidad hasta ahora dirigida por el Sr. Rato,  que solo se llevará de indemnización una cantidad que quien esté cobrando el salario mínimo interprofesional,  tardaría en reunir algo así como doscientos cincuenta años.
   Le sustituirá para hacer lo mismo alguien  que ya se llevó del BBV como indemnización por marcharse con cincuenta y cinco años de edad,  otra cantidad que el mismo trabajador del salario mínimo tardaría en juntar más de siete mil años.
   Estos y otros directivos,  con sueldos indecentes en los tiempos que corren,  no tienen después el menor escrúpulo en desahuciar a cientos de familias por impago de la hipoteca algún mes. 
   Mientras le saquean podrá tranquilizarse al pensar que no se perderá la celebración real de las bodas de oro matrimoniales ya que la reina parece haber dicho que ya vale de coñas y pasa de celebrar algo que no existe salvo para la conferencia episcopal española,  que guarda un cómplice silencio. 
    Aunque pondrá el grito en el cielo ante el anuncio de una escuela de prostitución privada,  espero que no concertada,  donde las señoras meretrices,  con perdón,  aprenderán  a refinar sus maniobras.
    Tendría usted muchos motivos para permanecer en la habitación del pánico,  mientras pasan tantas cosas.  Lo peor llegaría al ver como sus asaltantes se quitan la capucha y empieza a reconocerlos,  porque sus caras le van a sonar mucho de algún debate televisivo o de verlos constantemente en los telediarios. 

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