miércoles, 23 de mayo de 2012

NADIE TE QUIERE YA...



   Es el título de una canción de Los Brincos,  grupo pop español de los años sesenta,  quizás el más destacado de la época.      Su estribillo repetía hasta tres veces lo del  nadie te quiere ya ,  para concluir con un  " qué vas a hacer,  a donde irás..."
   Está referida,  naturalmente,  a una mujer,  porque las canciones de aquella época y de casi todas,  tienen como ingrediente al amor y el amor a las señoras. 
   Pero mucho antes de Los Brincos la frase ya tenía sentido aplicada a nuestro país,  asediada por el inglés,  asaltada por el francés,  odiada en los Países Bajos y usada como campo de entrenamiento de bombardeos a poblaciones habitadas por los alemanes.  Si nos remontamos a siglos anteriores,  ya con "  el descubrimiento "  de las Américas pusimos el gérmen del cariño más  " reñío " entre los pobres descubiertos,  que acabaron pidiendonos que no los descubrieramos más.  Todavía hoy nos agradecen la evangelización,  porque de eso se trataba y están cristianamente resentidos.
   Algo hemos hecho mal a lo largo de la historia,  o si usted quiere verlo así,  tendríamos que estudiar si hicimos algo bien para suscitar tanto aprecio.
   Si nos ceñimos a la historia reciente,  mucho más presentable,   los ingleses nos pasan por la puerta todos los días el tema de Gibraltar,  un atavismo con forma de roca y mala sombra que debería causar verguenza tanto a ocupante como a ocupado y solo beneficia a una forma  parásita de vida.   Es solo un centro de blanqueo y contrabando.   Francis Drake aún vive allí,  sin envejecer.
   De los franceses curiosamente no sabemos bien el porqué de la inquina,  porque además de no haberlos descubierto hemos pasado años aprendiendo su idioma,  más bien feo y escasamente útil si no se es francés.  Pero no nos quieren.
   Belgas y Holandeses nos miran con recelo desde lo de  " la pica de Flandes " ,  cuando don Carlos V y sus guerras.  Además,  la culpa de la bronca la tenían los curas;  pero no nos quieren.
   De Portugal qué vamos a decir.  Se pasan la vida vigilando la frontera por si los invadimos,  como si no tuvieramos ya suficiente con el paro que tenemos aquí.  Por si acaso,  han reforzado las entradas con un canon de autovías impresentable.
   Los alemanes solo nos quieren para vivir aquí de viejos,  por eso nos exigen abaratar el servicio y poner barata la mano de obra.  Y  aquí les hacemos caso.
   Qué decir de nuestro tradicional amigo entrañable del sur;  miedo nos da tanto cariño a fuerza del obligado roce. 
   La canción insiste,  machacona,  en el  " nadie te quiere ya ",  dando por supuesto,  erróneamente,  que antes fué distinto y repite lo de  " qué vas a hacer,  a donde irás...".     Qué habremos hecho.
  

  
 

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