sábado, 30 de junio de 2012

DESNORTE

   Una de las peores consecuencias de la actual situación,  por no llamarle crisis,  es que se pierde el norte en muchas actuaciones.  De un tiempo a esta parte es prohibitivo coger un taxi y no ya por el precio,  que también,  sino porque el conductor apenas espera un minuto para largarnos un discurso sobre lo que pasa en realidad.
- Son unos sinverguenzas -,  le dice a usted airado refiriéndose a cualquier político que en esos momentos sea mencionado en la radio.
   Le dará igual que no le conteste porque él tiene decidido contarle cuanto sabe de la verdad y continuará con su discurso.  A no ser que se reaccione:
- ¿Me cobrará usted menos la carrera por aguantar su charla ? -,  esto suele resultar y el resto del camino solo nos aportará algún que otro frenazo innecesario.
   Es un ejemplo de a diario,  como puede serlo la acción de un grupo de contrarios a los desahucios por parte de esa misma banca que todos colaboramos graciosamente a recuperar.  Es el colmo de la pérdida del norte,  de la más inocente desorientación.
   Ocupar,  quizás debería decir okupar,  nada menos que La Almudena,  buscando la ayuda de la Iglesia sin tener en cuenta que aquello es dominio de Rouco y  donde éste reside no entra ni Dios.
   Naturalmente,  en poco tiempo apareció la policía,  autorizada para penetrar en el recinto y desalojarlo,  otro desahucio,  por las buenas o por las malas,  identificando a los ocupantes y a quienes les apoyaban desde fuera.  Todo un ejemplo de eficacia y rapidez que brillan por su ausencia en casos de mayor importancia como el de los niños desaparecidos en Córdoba o la infortunada Marta del Castillo.
   Todo un ejemplo de desnorte el esperar de la Iglesia española mayor consideración y de su responsable unos minutos de atención.  Mal camino se le deja a la desesperación,   abocada a acciones de mayor trascendencia que mañana tendremos que lamentar todos,  incluidos quienes podrían suponerse en principio más dados a la atención de los desesperados. 
  
  

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