martes, 17 de julio de 2012

EL ESTADO DEL MALESTAR


   Las cosas tienden a ponerse feas en cuanto tienen la oportunidad de hacerlo,  por sistema,  por exceso de apriete de un lado,  por defecto de narices de otro y porque  " lo que no puede ser,  no puede ser y además es imposible ",   que decía El Gallo.
   Son ahora jueces y fiscales quienes se plantan ante reformas y recortes,  afirmando que por el camino emprendido se acabará con la independencia judicial y,  además,  de paso,  la merma económica y el aumento de horas de trabajo al funcionariado son medidas injustas.  Ahí es donde duele.  Esa es la entrepierna de la institución,  como las entrepiernas de los demás.
   Los policías en sus horas libres,  sin el casco ni la porra de aporrear a esos demás,  también protestan y se ponen ante sus compañeros de turno de aporreo identificándose,  no sea que se le escape a algún pegón un mamporro.  En Alemania sus colegas se quitaron los cascos negándose a reprimir a los ciudadanos que protestaban justamente,  pero aquí eso ni está  ni se le espera y el buen estilo se deja para horas sindicales.
   Los militares,  que también tienen bolsillo y familia  como usted y como yo,  ponen sus barbas a remojar;  unos porque se ven pronto en el desempleo del que se jodan de la graciosa criatura digna hija de su padre,  otros porque ven como se les ningunea.
   A todo esto hay manifestaciones a diario y marchas de parados al sufrido Madrid.  Carlos Dívar reclama su pensión y el Rey se baja el sueldo un siete por ciento justificando el noventa y tres por ciento restante.  La bolsa sigue bajando y la prima de riesgo se estabiliza en el escandaloso piso de los quinientos y pico.  ¿Qué está pasando?.
   El cese absurdo del periodista Juan Ramón Lucas no es sino otra nota de estilo del actual ejecutivo, otro que se jodan para la tolerancia y el sentido común.  ¿Qué está pasando?.
   Somos ya muchos los que nos acordamos con cabreo de Zapatero,  porque tuvo que hacerlo muy mal para que en la desesperación este país haya aceptado caer en las manos de quienes actualmente nos gobiernan.  Desesperanza que lleva a la convicción de que habrá que salir otra vez a la calle para exigir un cambio de rumbo,  solo posible cambiando personas.  Mejor los tecnócratas que esta gente triste que solo transmite tristeza e ineptitud.
  

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