lunes, 30 de julio de 2012

MODA VINTAGE

   Confieso que mi primer encuentro,  más bien encontronazo,  con la realidad de lo que se ha venido en llamar así,  fué en un establecimiento de instrumentos musicales.  Lucía allí,  entre otros,  un bajo de conocida marca,  tipo jazz bass,  con evidentes marcas de uso tales como pintura algo descolorida en el sitio de mayor roce,  sobre el puente,  cromados apenas lustrosos y otros elementos que denotaban,  así lo creí,  su veteranía y el paso por más de una mano.
   Pero el precio,  en la voz cansina de un adormecido dependiente,  me desanimó pronto:  era incluso más caro que uno nuevo.  El bajo no estaba usado,  símplemente lo simulaba. 
-Es que es vintage -,  me dijo.
   Yo creía que vintage era el último dueño,  además de guarro,  a juzgar por su estado.  Vaya chasco,  más aún al pensar cómo limpio cuidadosamente los dos que tengo,  tras tocarlos.  Pues como siga así no los renovaré en mi vida.
   Después he caído en la cuenta de que se ha puesto de moda vestir harapos,  quizás como preludio de tiempos peores que algunos han facilitado poniendo a gobernar harapientos mentales.
   Se llevan los pantalones vaqueros rotos,  cuidadosamente rotos.  Algo que antiguamente se desechaba se ha puesto en valor,  que diría algún cursi.
   He tenido ocasión,  bien que me pesa ahora,  de conocer épocas dadas  a lucir estrepitosos remiendos en pantalones y otras prendas,  no siempre en el color original.  Algunos tendrán que verlo en fotografías antiguas mientras yo,  que seguramente estaré en alguna de ellas,  lo recuerdo como habitual en muchas personas.  Ahora el roto se pone de moda,  como reflejo de la necesidad que no se tiene.  De ahí su atractivo.
   El low cost de mercadillos ambulantes,  al que acuden algunas señoras a buscar prendas de pobre para vestir como ricos y otras,  de presupuesto más ajustado,  porque la ropa de ricos se vende en mercadillos de pobres aunque encoja dos tallas al primer lavado,  no expone vaqueros rotos.  Le echarían la bronca al del puesto.
- ¡ Aprovecharse,  niña ! -,  se desgañita el gitano mientras vigila que no le roben las señoras.
   El pantalón rasgado solo se compra en tiendas caras,  que la moda no anda expuesta por los suelos ni al alcance de todas.  Cuanto mayor es el roto,  mayor el precio.  O sea,  que se paga por lo que falta.
   Eso,  no se confunda usted,  no es fast fashion,  sino moda vintage.  Si le sirve de consuelo,  usted que lee sorprendido todo esto,  muy pronto será lo corriente en la población española.  Hay gentes dispuestas a imponer el roto por desgaste,  incluso la vuelta al remiendo en los pantalones.  Nos van a poner a la moda.
   Pero verá como llega alguien a fastidiarla y cambia la tendencia en el vestido.  La de ponernos a todos en plan vintage tiene pinta de ser más duradera.

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