lunes, 20 de agosto de 2012

OTRAS RELIGIONES


   Siempre se ha conocido lo arriesgado de la práctica de determinadas religiones,  generalmente cualquiera que sea distinta a la que practica el iluminado que viene a descubrirte.
   Cuando Colón,  aventurero a quien le traían sin cuidado estos detalles,  llegaba a un lugar, siempre tierra prometida,  que ya es suerte,  miraba ante todo la riqueza del paraje y posteriormente las piernas de las indias.  Con él iban monjes con el exclusivo fín de la evangelización,  palo en ristre,  del nativo.
-Queda usted descubierto -,  les decía Colón.
-Y evangelizado -,   añadía el cura.
   Y les contaba la misma historia que le cuentan a usted los domingos,  con el agravante de que había que creerla de cabo a rabo o lo corrían a palos.
   Imagino al pobre lugareño corriendo entre plumas con el evangelizador detrás,  catecismo en una mano,  espada en la otra,  gritando:
- ¡ Dios es amor !.
- Pues menos mal -,  diría el indito de turno.
   A uno le van quedando ya pocas religiones y apenas vienen a descubrirlo;  si acaso le cuentan cada cuatro años que le van a mejorar no sé bien cuantas cosas.   O sea,  hemos pasado de ser descubiertos a ser mejorados y no tengo claro que es peor. 
   Pero lo de ser madridista es algo que ningún monje podría quitarme,  sobre todo porque es barato.  Es,  más que una religión,   dogma de innecesaria prueba de veracidad:  los madridistas tenemos cara de cabreados.  Se nos nota,  se nos ve.
   Resulta que empezamos la liga en el Bernabeu,  algo así como si llevara usted a un hijo a su primera comunión,  no a un templo cualquiera;  nuestro primer partido,  todo de blanco como en lo otro y viene un Valencia cualquiera  y nos rasca dos puntos que teníamos ya colocados a los nuestros.  A ver qué hacen con ellos.
   Antes teníamos un presidente,  hablo del gobierno de España y no del Madrid,  que de cosas serias no opino,  reconocido culé y así nos fué.  Casi nos deja en bragas.
   Ahora tenemos otro que ya nos las ha quitado y,  para colmo de males,  resulta que es madridista;  así nos vá.  Éste no va a descubrirnos sino a mejorarnos;  lo estamos descubriendo a él y los únicos que parecen mejorar son los pobres banqueros que se jugaban nuestros cuartos en expediciones de dudosa conveniencia,  como aquéllas.  Los demás tendremos que conformarnos con releer el catecismo y tener fé en Mourinho.
  
  

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