miércoles, 12 de septiembre de 2012

EL OCASO


   Me ha llamado más la atención la interpretación vulgar de la multitudinaria manifestación catalanista en la Diada,  independentista si usted lo quiere,  que el acto en sí mismo.  Me refiero a cómo ha querido verlo televisión española,  ahora en manos de los otros y medios afines al partido gobernante.
   Siempre he creído,  también tengo derecho a equivocarme,  en la dignidad de la profesión periodística,  en la vergüenza profesional si así queremos verlo. 
   Pero lo de los nuevos servicios informativos,  por llamarlos como se acostumbra,  rebasa todos los límites de la desvergüenza,  del partidismo ciego,  de la boca bien cerrada y el culo bien pagado.
   Repugnante,  por concretar,  el tratamiento dado a una realidad plasmada en más de tres kilómetros de marcha y más del millón y medio de personas. 
   El desacuerdo con los postulados de la celebración,  con los que se puede discrepar o no,  nunca debería justificar el ignorar su importancia para unos supuestos profesionales de la información.
   Pero es lo que se lleva en los cansinamente llamados tiempos que corren.  Confieso que siendo andaluz,  como si fuera gallego,  cántabro o extremeño,  yo también desearía hoy ser independiente de quienes manejan zafia,  engañosa y arteramente el estado español.   Lo que sucede es que no podemos olvidar que están ahí porque los hemos puesto.  Mirémonos al espejo.
   Maestros de la hipocresía,  ahora se las van a componer para devolver a un cerdo a la pocilga que le jalea.  Hace poco más de siete meses habrían convocado manifestaciones llenas de banderas y obispos,  al abrigo de los familiares de víctimas hoy sorprendentemente silenciosos.
   Es el ocaso de la dignidad de muchos principios,  comenzando por algunos profesionales del periodismo que ven con lentes distintas la realidad,  según quien les pague.
  
  
  

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